En la anterior entrega, cuyo título fue: ¿Y los secretarios, apá?, donde hicimos un serio señalamiento a la opacidad de cuatro funcionarios del actual gobierno del estado, quienes nunca pudieron observar que el cierre de un ingenio azucarero, como lo fue el San Pedro, enclavado en la cabecera municipal de Lerdo de Tejada, provocaría un colapso descomunal en toda la región central de Veracruz.

Y es que los funcionarios nahelistas, Ricardo Ahued, Rodrigo Calderón, Ernesto Pérez y Luis Arturo Santiago, de Gobierno, de Sedarpa, de Desarrollo Económico y del Trabajo, respectivamente, por andar, quizás, en ocupaciones ajenas a sus verdaderas funciones, fueron omisos en ver que un ingenio azucarero estaba anunciando su cierre por parte del propietario de dicha factoría.

Pero no. No se dieron cuenta y se enteraron hasta que los periódicos del estado y nacionales, así como las benditas redes sociales dieron la noticia a ocho columnas del cierre del San Pedro, en Lerdo de Tejada, Ver.

Obvio no fueron tan solo los funcionarios del gabinete estatal los que, dormidos en sus laureles, no se enteraron del cierre del multicitado ingenio.

En el Congreso del Estado de Veracruz, donde, por cierto, el presidente de la Junta de Coordinación Política, “El profe” Esteban Bautista Hernández, no logra hacer que sus chicharrones truenen, junto con los legisladores de los distritos cuya zona de influencia es cercana al ingenio azucarero, al parecer no se han dado cuenta de que el San Pedro cerró y la actividad económica se encuentra paralizada.

Por eso es la pregunta: cuándo un ingenio cierra, los diputados, ¿dónde están?

Y la pregunta obedece y viene a colación porque, después de haber cerrado el ingenio y dejado a la población en la más completa indefensión, los diputados Erika del Carmen Rosario Morales, del Distrito XXV con cabecera en San Andrés Tuxtla;  Janix Liliana Castro Muñoz, del Distrito XXIV con cabecera en Santiago Tuxtla y Felipe Pineda Barradas, del Distrito XXIII con cabecera en Cosamaloapan, junto con su coordinador en la LXVII Legislatura del estado, no se enteraron de la proximidad del cierre de la factoría y, hasta ahora, han sido omisos de lo ocurrido en toda la zona abastecedora del ingenio multicitado. Obvio que tampoco se han preocupado por el destino de los trabajadores obreros.

Siempre se ha manejado que los legisladores, esos padres conscriptos que dicen legislar y hacer leyes en beneficio del pueblo, cuando de atender necesidades y prioridades como lo ha sido el cierre de una factoría azucarera, generando incertidumbre y dejando sin su fuente de trabajo a miles de familias, se comportan omisos por completo y voltean la mirada para otro lado, dejando de cumplir con la promesa que hicieron al asumir el cargo que el propio pueblo les confirió.

Y mientras el jinete del nepotismo sigue cabalgando en la LXVII Legislatura y los “moches” sigan prevaleciendo, el pueblo de Veracruz, particularmente los obreros de los ingenios azucareros, ya pueden esperar a sus respectivos diputados para que el próximo año vayan a pedirles el voto para continuar en el Congreso Local o puedan brincar a San Lázaro.

Ya no hace falta preguntar dónde están o dónde andan los diputados locales cuando los hechos delictivos flagelan el estado veracruzano; cuando las carreteras siguen destrozadas o cuando los hospitales carecen de lo más elemental.