Luego del anunciado cierre del ingenio San Pedro, el cual se ubica en la cabecera municipal de Lerdo de Tejada, Ver., los gritos y manotazos en un escritorio de palacio, se lograron escuchar hasta la luna y en Los Pinos también.

El asunto no era nada menor. El cierre de una factoría azucarera como lo es el ingenio San Pedro, que genera empleos para cientos de familias de municipios que dependen directamente de la producción cañera, no se puede tomar como una cosa menor.

Sumado a los daños directos, también hay agregar los efectos colaterales, mismos que resultan incuantificables y devastadores. Por lo tanto, no era un hecho menor.

Una reunión de emergencia, cientos de llamadas telefónicas, pláticas inmediatas, fue lo que provocó el anuncio del cierre del ingenio San Pedro. Pero también, les guste o no les guste, obligó a la máxima autoridad a sacudir de su acostumbrada modorra a aquellos funcionarios que trabajan bajo sus órdenes, a que dejaran la tranquilidad que disfrutaban en sus cómodas hamacas y buscar alternativas. Repito, el asunto no era nada menor.

El anuncio feliz es que el ingenio que ya había cerrado, y estaría por iniciar el proceso de liquidación de los trabajadores, con una acción sorpresiva dio marcha atrás y anunció que continuará moliendo y tanto trabajadores como productores, tienen garantizados que podrán continuar entregando su caña al ingenio. Los obreros azucareros permanecen con sus correspondientes empleos.

Pero, el pero de siempre.

Es conveniente investigar y saber: ¿y los secretarios, apá? ¿Dónde estaban?

Donde estaba, por ejemplo, el secretario de gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil. Lo que se sabe es que el funcionario se encuentra encargado de vigilar y supervisar la remodelación del palacio de gobierno. “Me está ayudando muchísimo”, ha dicho la mandataria.

Empero, con el cierre del ingenio citado, se logró saber que el funcionario número dos en la estructura de gobierno, se encuentra más ocupado en tareas de conserjería que en atención a la política interna del estado. Obvio que su aparato de Política Regional y todos sus colaboradores ni enterados estaban que se acercaba el cierre de un ingenio.

El secretario de Desarrollo Económico, Ernesto Pérez Astorga, el que tiene que ver con la atracción de capitales que vengan a invertir y a generar empleos, además de vigilar que la planta productiva se mantenga y sostenga, tampoco se dio cuenta del cierre de un ingenio puede colapsar toda una región y generarles fuertes dolores de cabeza a quien gobierna.

Lo que se sabe del titular de la SEDECOP es que mantiene una encarnizada lucha con su subsecretario, el segundo de abordo, quien no le hace caso y rebasándolo por todos lados, anda en abierto proselitismo en busca de una candidatura. Quizá por eso ni el 1 ni el 2 de la Sedecop, se dieron cuenta del cierre del ingenio San Pedro.

El secretario de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Pesca y Alimentación, Rodrigo Calderón Salas, dejo constancia de que desconoce de manera palmaria qué es lo que sucede en el campo veracruzano y por estar esperando instrucciones del secretario alterno superior, no se percató de que un ingenio azucarero ya había anunciado su cierre.

Todo hace indicar que, al titular de la Sedarpa, Rodrigo Calderón Salas, hasta en tanto no le firmen y autoricen su oficio de comisión, le den sus viáticos y le instruyan la tarea a cumplir en el campo de Veracruz, no se habrá de mover de su confortable oficina.

El otro secretario que, dormido en sus laureles, ni por enterado estaba de los efectos negativos y económicos que estarían por suscitarse en la cabecera municipal de Lerdo de Tejada, Ver., de haberse cerrado el ingenio, es el secretario del Trabajo, Previsión Social y Productividad, Luis Arturo Santiago Martínez.

Para el titular de la STPSP, el desconocimiento de que en toda fábrica laboran cientos de trabajadores, ignorando el número de obreros que trabajan en el ingenio San Pedro, los cuales llegan casi al millar e ignorando las consecuencias de un cierre de la magnitud de un ingenio, obviamente que el tema ni le inquietaba ni le ofendía.

Cuatro secretarios de despacho, ignorando las repercusiones de lo que pudo haber significado el cierre de un ingenio azucarero en Veracruz.

Por si los secretarios no lo saben, los efectos, tanto directos como colaterales, hubiesen sido devastadores.

Por eso:

¿y los secretarios, apá?