Yo soy periodista y escritor, o escritor y periodista, según se vea de acá para allá o viceversa. Y nunca en mis tantos años de ejercer ambas profesiones/vocaciones me he cuestionado si lo uno excluye a lo otro; más bien he llegado a la conclusión que las dos funciones se complementan perfectamente.

Lo mismo me habría pasado si hubiera hecho la solicitud de la nacionalidad francesa o la italiana, que me podrían corresponder por mi ascendencia por la vía materna, y hubiera llegado a tener hasta tres pasaportes de sendos países al mismo tiempo. Sin embargo, estoy seguro de que eso no me hubiera hecho menos mexicano, ni en lo legal ni en el alma.

Podría haber disfrutado de ciertas canonjías, como no tener que presentar visa al entrar a Estados Unidos o gozar de apoyos económicos y de salud verdaderamente sustanciales, y mis hijos hubieran podido acceder a becas de la comunidad europea con mayor facilidad.

Pero a la presidenta Claudia Sheinbaum se le acaba de ocurrir que eso de la nacionalidad múltiple que permite el artículo 32 de nuestra Carta Magna, es un tema que hay que discutir, como si fuera tan importante. Y hasta llegó a mandar ayer mismo una iniciativa para modificar los artículos 82, 116 y 122 de nuestra ley de leyes para prohibir que mexicanos que tengan otra nacionalidad adicional puedan aspirar a ser Presidente de la República, Gobernador de algún estado o Jefe de Gobierno de la CdMx.

Eso se sumaría a la reserva de que los integrantes de las fuerzas armadas deben ser mexicanos por nacimiento y no tener otra nacionalidad, al igual que quienes ocupen cargos en dependencias de seguridad nacional, aduanas, capitanías de puerto y otras áreas estratégicas, “para evitar conflictos de lealtad.”

Lo que se hace sospechoso es que se traiga a colación ese tema secundario cuando hay asuntos de especial urgencia que tratar en estos tiempos difíciles y extraordinarios, como la violencia manifiesta del crimen organizado, los problemas económicos del Gobierno y del país, la deuda pública creciente, los miles y miles de desaparecidos que no se encuentran ni se buscan.

Eso de ponerse a discutir un tema que en lo superficial podría parecer del nacionalismo más puro, no es más que una caja china que buscar desviar la atención nacional de los problemas candentes que nos agobian a todos los mexicanos.

Como el inmenso poder que acumulan las autoridades que se autodenominan de la Cuarta Transformación, o la falta de democracia y la intervención en las elecciones, o las agresiones oficiales a protagonistas de la oposición, como la viuda Grecia Quiroz, el exgobernador Ernesto Ruffo Apel, el partido Somos México, los verdaderos periodistas críticos y tantos más.

O la sobreprotección a funcionarios señalados por una posible colusión con el narcotráfico o con el manejo del huachicol fiscal.

¿Doble o triple nacionalidad? La verdad es que hay cosas mucho más importantes como para estar perdiendo el tiempo en discusiones bizantinas.

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