Hasta parece cosa de película de terror o vaya usted a saber de se trate todo lo que está pasando con la naturaleza. Es obvio que todos hemos contribuido a que lo que está ocurriendo en el planeta, provocado por el cambio climático, nos esté generando escalofríos en todo su esplendor.
Hace apenas unas dos semanas, los habitantes de este planeta llamado tierra, los terrícolas moríamos por los inclementes rayos del sol. La población sufría por la falta de agua. En el campo, la producción agrícola y la ganadería, vivían los estragos cruentos de una terrible sequía que parecía interminable.
Los incendios devastaban hectáreas y hectáreas de bosques, llanos y llanuras. Una chispa detonaba afectaciones en municipios cuyas autoridades no encontraban la forma de liquidar los siniestros. La falta de agua y de personal con herramientas suficientes, generaban incertidumbre, pánico y estragos en la población. No había control.
En todo el estado resonó y se recordó aquella frase de un exgobernador, cuando los reporteros le preguntaron qué porque no había acudido a atender un incendio ocurrido en el puerto de Veracruz. “–Porque yo no soy bombero-“. Contestó tajante.
Hace unos días, cuando los incendios azotaban y afectaban a la población veracruzana, por ningún lado se vio ni se escuchó a quien, por la responsabilidad que le asiste, debió de haber estado en la primera línea. Ni una botella de agua envió.
Los incendios ya han concluido. La madre naturaleza ha mandado lluvia suficiente y los ha sofocado.
Hoy, con las primeras lluvias de esta nueva temporada ciclónica, la cual debió de haber empezado el 30 de mayo y debe de concluir el 30 de noviembre, si es que otra cosa no pasa; los ríos han empezado a ejercer su normal movimiento, las lagunas y presas ya tienen presencia de agua; las plantas han empezado reverdecer, los árboles tienen hojas más verdes, los campos ya tienen pasto y los animales, alimento. La gente ya agradece al Ser Supremo que esté enviando el vital líquido, fuente de todo sistema de vida.
Sin embargo…
Sin embargo, las precipitaciones que han llegado, también han generado que las partes bajas de los pueblos cercanos a esta capital de estado, sufran de inundaciones, los cerros de deslicen provocando socavones, los habitantes pierdan, en muchos de los casos, sus utensilios de casa, ropa y algunos animales domésticos, etc.
La población en su conjunto, de una manera u otra, agradece la llegada de las lluvias, pero también padece el embate de las grandes cantidades de agua que generan inundaciones y provocan afectaciones.
Y, de nueva cuenta, quien debiera de estar en la primera línea para atender, auxiliar y resolver, el que debiera ser el primer solidario con lo que ocurre en los pueblos inundados, simple y sencillamente no se aparece por ninguna parte. La población sufre. El gobernante se olvida.
Así, antes sol, calor e incendios; ahora lluvias y anegamientos… Pero… ¿y dónde está el capitán?
