En una región remota, de cuyo nombre no logro acordarme, vivían tres alegres camaradas. La tercia con inclinaciones socialista-comunistas, se mostraban aferrados ideológicamente, cuando las imágenes de El Che Guevara y de Fidel Castro, se idolatraban al igual que la bandera de la Hoz y el Martillo, cuando el pendón ondeaba con furor inusitado en todo el continente americano.

Los tres alegres camaradas socialistas, tenían el sueño de que algún día todo el continente americano se pintaría de rojo y ellos, serían los dirigentes del nacimiento de una nueva organización política. Martín, (Martincillo) Ernesto (Neto) y Manuel (Manú) vivían su comunismo y tenían la firme convicción que ser comunista-leninista era la mejor forma de gobierno.

El reparto de la riqueza, los beneficios colectivos y la administración a través del sistema gubernamental, según ellos, era lo mejor forma en que podían vivir los pueblos de todo el continente americano.

Martincillo, Neto y Manú, nos cuentan sus “biógrafos” no perdían oportunidad para hablar y hablar de las bondades del social-comunismo y a su expresión, añadían toda clase de participación en las protestas para defender “al proletariado”, decían.

Cuando aquel 1 de enero de 1994, surge el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, y lanza su proclama “Primera Declaración de la Selva Lacandona”, declarándole la guerra al Ejercito Mexicano, a quien consideraban el pilar de la dictadura en toda la República Mexicana, los tres alegres camaradas socialistas encontraron la oportunidad espléndida para sumarse a la corriente del movimiento zapatista.

Ni tardos ni perezosos, los tres alegres camaradas socialistas conformaron su “propio comité” y pasaron a ser parte del EZLN, pero desde su estado de origen, ese lugar remoto de cuyo nombre aún no me puedo acordar.

Para hacerse notar, los tres alegres camaradas socialistas incentivaron sus protestas y sus demandas sociales, “buscamos el beneficio colectivo”, afirmaban. Al mismo tiempo, a la par del reclutamiento de participantes, armaban estrategias e incrementaban afanes en busca de “alcanzar una sociedad más igualitaria”; conformando para ello, el “Frente Paracentral del EZLN”

Desde el lugar remoto donde se encontraban, los tres alegres camaradas socialistas, planearon atacar puntos estratégicos en un estado tropical: destruir un puente en la zona central, un reactor nuclear y unas torres eléctricas. “Será nuestra colaboración en la lucha armada que ha nacido el 1 de enero de 1994”, comentaban.

Pero el tiempo pasó, la lucha armada que nació un 1 de enero de 1994 duró muy poco, los ideales de los tres alegres camaradas socialistas quedaron convertidos en sueños guajiiros; el puente que pensaron derribar y el reactor que pretendían reventar al igual que las torres eléctricas, continúan funcionando y en su mismo sitio.

Y de los tres alegres camaradas socialistas, ya nada queda: uno de ellos es rector de una universidad pública, el otro trabaja de investigador y el tercero se la pasa protestando por todo y diciendo que trabaja en el Senado de su país.   S las protestas del tercero, nadie le hace caso.

De aquellos planes y sueños socialista-comunistas de la juventud, de la lucha de clases, del reparto colectivo de la riqueza y de la sociedad igualitaria, ya no parecen acordarse y mucho menos pensar.

Y nosotros, por nuestra parte, tampoco podemos acordarnos del nombre de aquella región remota.