El tiempo no se detiene. Nunca se detiene. Y cuando las promesas, las ofertas y los dijeres se los deja uno al tiempo, éste se encarga de llevárselos a quién sabe dónde.
Por ejemplo, cómo no recordar cuando en cada visita, se exaltaba la figura del protagonista al grado de hacerlo gravitar. Hablar de su honestidad, su honradez, su gran capacidad, “y, ¡ah!, no es corrupto como los del pasado” Ello hacía que el pecho se inflamara, el ego se elevara y en las pupilas se asomaran una lágrimas que se enjugaba con absoluta discreción.
Recordar, por ejemplo, que en el Estado ya todo era diferente, ya todo había cambiado, “los mafiosos eran otros, esos del pasado, ahora ya no están; había contubernio, eran los mismo. Hoy hay calma, paz y tranquilidad”
Sin desperdicio, las promesas aquellas de las carreteras se van a componer todas, van a ser carreteras de primer mundo; desde Las Choapas hasta Pánuco; todas se van a arreglar, pueden estar seguros. Ya hay XXX millones de pesos para que queden listas este año. Es mi palabra. Y el responsable de cuidar el estado, sonreía.
El campo va a progresar, va a haber empleos, se van a sembrar millones de árboles; va a haber universidades para todos, ningún joven se va a quedar sin estudiar una carrera. Hoy, cuentan con un gobernador que es honesto, es el mejor gobernador que ha tenido Veracruz. La gente lo quiere mucho porque los atiende y les resuelve sus problemas. Podríamos decir que es el mejor gobernador del país. Los halagos, los piropos y los calificativos no terminaban nunca.
Pero… el tiempo no se detuvo nunca. Y todas las promesas y aquellas indulgencias que tanto ego provocaron en una mortal humanidad, se deshicieron como burbujas de jabón.
Hoy se cumplen tres meses de la elección en que la fue electa una Presidenta de la república y una gobernadora, y de aquel “mejor gobernador que ha tenido Veracruz”, ya nadie se acuerda.
De aquel gobernador honesto, transparente e impoluto, el mismo al que no han llamado para ocupar un nuevo cargo, ya nadie parece ocuparse.
El tiempo, decíamos al inicio, no se detiene, nunca se ha detenido. Hoy solo hay expectativas. Esperanzas y vanas ilusiones.
El teléfono rojo no suena. La ansiada llamada sigue en suspenso. La invitación a ocupar un cargo de cuarto nivel, parece ser la expectativa. Solo la expectativa.
Aunque, la verdad, parece ser que lo que no hay es eso, una expectativa.
