Editorial.
Está por llegar el momento final. La hora en que se tendrá que correr el telón porque la obra ya ha terminado. Se apagarán las luces.
Y el momento de abrir la taquilla para vender los boletos para presencia la nueva obra, también está por llegar. Se abrirá el telón. Y se encenderán las luces. Los actores cambian, la comedia sigue.
De lo que se hizo bueno y de lo malo que se hizo, así como aquello que se dejó de hacer, ya se tiene conocimiento de ello.
Viene, por ende, el juicio. Los acres comentarios de lo que no funcionó y de los abusos que se cometieron. Surgirán los análisis, las estadísticas y los resultados de los errores que hubo en 6 años, 72 meses, 2160 días que duró el gobierno.
Tal vez se dé un juicio político en contra tuvo el control en sus manos, probablemente se presente o se intente una demanda legal por alguna situación que se detecte durante la administración. Obvio, presente estará también el juicio ciudadano. Duro. Ácido, como siempre ha sido.
Más allá de todo ello, al transcurrir del tiempo, quizá durante unos meses o tal vez años, habrá de llegar el juicio de la historia.
Será el juicio más implacable. La historia lo juzgará.
