Nada importa. Nada es importante. Excepto, claro está, que la Reforma Judicial, salga adelante, quede a modo, tal cual se pretende y, lo demás, no importa.
Nada importa, porque a partir de la premisa de que lo diga el señor, nada tiene trascendencia. ¿Recuerdan aquello de “lo que diga mi dedito”? Ahí nace todo.
Por ejemplo: Habitantes de Chalco o Solidaridad, como le pusieron hace ya un buen tiempo, desde hace un mes está nadando entre aguas de drenaje, los olores son insoportables, las afectaciones son cuantiosas, las enfermedades ya están presentes y, al no ser tema importante, ¡qué importa!
Las carreteras del país, las del norte, las del centro y las del sur, se encuentran en condiciones paupérrimas. Generan aumento en los gastos del transporte, son exponencialmente peligrosas porque aumentan las posibilidades de atracos. Que la Guardia Nacional vigila y está cerca de los puntos donde más asaltos y robos se cometen en cada punto de las carreteras, sin embargo, nada parece detener los embates de la delincuencia, quienes un día sí y al siguiente también, hacen de las suyas en las propiedades de los otros. Eso, no es tema importante. Por lo tanto, lo que suceda en las carreteras, ¡qué importa!
Que si don Ken, el embajador, hace declaraciones temerarias y se mete en terrenos que no le están permitidos, generando la ira del preciso, bueno, eso sí importa. Y preocupa, además.
Pero, si el Tren Maya no genera utilidades y todavía le hacen falta unas dos o tres carretas llenas de dólares para terminarlo para que un millón de turistas lo usen y genere dividendos, eso no es importante. No es importante que requiera más billetes verdes, tampoco lo es que llegue el millón de turistas y menos importante es que genere divisas. ¡Qué importa!
Que el mejor aeropuerto del mundo, el AIFA, aún no tiene la suficiente cantidad de pasajeros y no convence a nadie de que pueda recibir aterrizajes hasta de naves aeroespaciales, que se inunda cuando llueve – pero, nadamas cuando llueve-, que, si aún no hay suficientes espacios comerciales, que llegar en taxi cuesta más caro que el costo del vuelo, no es importante. ¡Qué importa!
Que si la Refinería Olmeca, próximamente “AMLO”, ubicada en Dos Bocas, Tabasco, aún no está refinando ni produciendo los 170 mil barriles y con ello logrando que el precio de la gasolina en todo el país cueste 10 pesos; que, si dicha refinería costó más de lo presupuestado, que, si ya la inauguraron tres veces y en el próximo sexenio la reinauguren X número más de veces, no es importante. ¡Qué importa!
Nada es importante. Importante es, de acuerdo con el preciso, que la sobrerrepresentación en el Congreso se dé y ya se dio. Que desaparezcan los órganos autónomos se vayan “no sirven, son obsoletos”, dice el señor. Y ya se fueron. Ahora habrá que ver qué hace con los trabajadores.
Y, lo más importante, es la Reforma Judicial. La que permita elegir Ministros sin carrera judicial, sin perfil y que sepan decir sí a todo lo que se les ordene. Que no sean contrapeso de y en nada. Eso sí es importante. Eso sí importa.
En un tema que sí importa. Y porque importa, la guerra está en todo su apogeo. Las marchas, los plantones, las declaraciones, los manifiestos y todo lo que pueda impedir que la citada reforma se lleve a cabo, por ser importante, está presente en todo el país.
¿Ganará la imposición o la democracia?