El escenario muy bonito, todos de guayabera, todos puntuales a la hora convocada, invitación en mano y a ocupar su lugar. El sexto informe del ingeniero mecánico electricista Cuitláhuac García Jiménez, se rendía en el puerto de Veracruz.
Y, a decir de los presentes, con quienes platicamos, todo estuvo muy bien. La logística, muy bien. Los controles de seguridad, luego de lo que les pasó a dos elementos policiacos levantados en Antón Lizardo, pues eso sí, la seguridad, estuvo como de tenebra.
Para los empresarios, maestros, amas de casa, madres de jóvenes desaparecidos, el informe y su informador quedaron mucho a deber.
Para los campesinos, los ganaderos, productores de todas las ramas, sus comentarios fueron en el sentido de que aún faltó mucho más por hacer.
Para los taxistas, camioneros, transportistas, etc., el informante, por más júbilo que puso en su elocuencia –eso es un decir- afirmaron que las carreteras fue uno de los rubros que al actual gobierno le valió un soberano pepino.
Temas como la seguridad y la impartición de justicia; la atención médica y la falta de medicamentos en hospitales, fueron pasados de largo y visto de lejos por un gobierno que ni vio ni oyó los quejidos y las demandas de los veracruzanos.
De las investigaciones a los funcionarios que muchas veces se les mencionó en actos de corrupción y de torcer la ley, ni siquiera se acordó.
Ayer, en el informe, ante un auditorio repleto, CGJ ni siquiera se acordó de los sustancial, de la esencia que ha dado vida y se le reconoce a Veracruz en todos los ámbitos, la unidad, el respeto, la altura de miras, puntos en los que la Entidad siempre había permanecido.
Hoy, sin que haga falta ser muy analíticos, Veracruz se encuentra en un fondo, en un sótano del que tendrá que salir.
Pero, como dicen en el rancho… ¡en que venga atrás, que arree!