Por culpa del permanente silencio, una especie de “me vale” al más puro estilo jarocho, muchas asignaturas van a quedar pendientes y se convertirán en un verdadero lastre para la próxima administración.
Los oídos sordos a las demandas, a los reclamos, a las peticiones, fueron una constante. Prevaleció el “tú me reclamas y yo hago como que te oigo y te atiendo”
Que las carreteras están en mal estado, “yo les prometo que las vamos a arreglar” Que los hospitales se están cayendo y no hay medicamentos para nadie, “les prometemos que ya se van a licitar las obras y acabamos de adquirir todos los medicamentos, para que no falte ni uno solo en ningún hospital de Veracruz”
Que hay muchos abusos de las grúas en contra de automovilistas, “vamos a mandar una iniciativa al Congreso para regular, y acabar con los abusos; no los vamos a permitir y tampoco los vamos a solapar”
Que la ola de homicidios va en aumento, “no, no los vamos a tolerar, aunque sean enfrentamientos entre grupos delictivos y sean ejecuciones por venganza, los vamos a castigar, nadie va a estar por encima de la ley; no va a ser como en el pasado, que se permitía que hicieran eso –los grupos delictivos-ya no es como antes, somos diferentes, que quede claro”
Las respuestas, por si mismas, significaban un ominoso silencio. Una voz que no resolvía. Palabras que no convencían a nadie. Desde un palacio artillado, inaccesible para el pueblo que lo encumbró y lo llevó al máximo sitial al que puede aspirar cualquier veracruzano.
En una confesión, tratando de decir algo que pudiera considerarse pecado, cualquier clérigo le respondería, “ve, sin pena hijo mío, porque tú no has hecho nada” Nada, en el sentido más literal y amplio de la palabra.
Ante una actuación ministerial, podría ser diferente. Las agravantes y los señalamientos, al igual que brotan los hongos después de la lluvia, empezarán a brotar por doquier. Todo podría ser diferente, muy diferente.
Las evidencias, hablarán y harán a un lado al silencio perpetuo que prevaleció durante todo un sexenio.
Los galimatías, no son expresiones que sirvan para convencer o sean respuestas adecuadas para quienes, desde siempre, buscaron una solución por parte de su gobernante.
El silencio, está por terminar.
Abur.
