Mucho se ha hablado, aquí y en todos lados, del terrible mal llamado corrupción. Lamentablemente, el flagelo, como hidra de mil cabezas, no acaba por extinguirse y, en sentido contrario, sigue creciendo cada vez más y más.
También, mucho se ha dicho y escrito, acerca de su incesante trabajo para erradicarla de tajo. Acabar con ella, exterminarla para que no se detenga el progreso y el desarrollo que tanta falta nos hace como país.
Países asiáticos lograron acabar con la corrupción y hoy es evidente que son ciudades con un ingreso per cápita y un desarrollo industrial y tecnológico impresionante.
Hace unos días, en este mismo espacio, escribíamos que “En este pueblo nunca pasa nada y cuándo pasa, tampoco pasa nada” Lo que explicábamos, de manera somera, es que, a pesar de los hechos de corrupción que se están dando, se han dado y, por lo visto, se seguirán dando, es evidente que, tal vez, no pase nada.
Si, por ejemplo, ya señalábamos lo que ocurrió en Segalmex, en el sexenio próximo anterior, donde ya todos sabemos lo que ocurrió y, sin embargo, hasta ahora, no ha pasado nada.
Pemex, esa paraestatal que es semejante a un barril sin fondo, la que engulle dinero del erario, producto de los impuestos de los mexicanos, y sin embargo, a pesar de las denuncias, señalamientos, acusaciones, etc, nunca ha pasado nada. Es imposible olvidar que la hija de un humilde obrero como Carlos Antonio Romero Deschamps, pero a la sazón Secretario General del Sindicato, viajaba en vuelos privados; y el mencionado secretario se daba una vida de verdadero Jeque árabe. Sin embargo, no paso nunca nada. Ahí está el mismo Sindicato uno de los principales lugartenientes del huasteco Romero Deschamps.
Un tren de la Línea 12 del Metro se cayó, provocó la muerte de 27 personas y 80 lesionados, señalado como el accidente del Metro de la CDMX como el más mortífero en 50 años, sin embargo, el tiempo sigue pasando y nada ha ocurrido.
Y así, escribiendo asuntos de corrupción, podríamos llenar planas enteras y haríamos tomos enteros. El detalle es que no pasa nada.
Luego entonces, podemos deducir que el problema en este país y en otros países del mundo, el problema no es la corrupción. La corrupción, como bien sabemos, lo hemos expuesto en diversas conferencias y clases, surge a la par de la actividad más antigua de la humanidad.
El problema radica, esencialmente, en la impunidad. Esa “prima” que va con la corrupción a todas partes y nunca se separan. Cual, si fueran siamesas, corrupción e impunidad, van de la mano. Mientras la acción exista y la impunidad persista, el flagelo que tanto agobia a la humanidad entera, será difícil de exterminar.
Por ello el título del presente editorial
Impunidad, divino tesoro.