El cambio – brinco- de un partido a otro, ha sido una constante en Veracruz y en todo el país. Esa actividad tan común en nuestros eclécticos políticos, quienes un día se acuestan con una camiseta y al siguiente día, ya traen puesta otra de un color diferente.

Hasta ahora, por más que se ha analizado el fenómeno del cambio, también conocido como chapulineo, se desconoce cómo le hacen los jurisconsultos políticos para estudiar, admitir y adentrarse en la doctrina del partido en el que se refugian.

También se ignoran los motivos, las razones y las causas que los llevan a cambiar de un partido que los respalda e impulsa para alcanzar un puesto político y, enseguida, decidir buscar refugio en otro con el que ni siquiera tienen identidad.

Son alcaldes de diversos institutos políticos, PRI, PAN, PT, los que deciden, sin aviso previo, despojarse de la playera con la que llegaron al cargo, prometiendo, diciendo y afirmando que ese partido, el que los apoyó, en ese momento era el mejor, el que tenía las mejores ideas y propuestas y que, por ende, era el mejor de todos los partidos.

Y ya ni qué decir del cumulo de ideas, propuestas, promesas que surgieron en los momentos de la campaña; la “batalla” por defender los colores, los ideales, los estatutos y todo lo que implicaba ser abanderado por el partido político que abanderaba a dicho candidato.

Hoy, tan solo se ve que los partidos políticos son meros trampolines y los alcaldes electos verdaderos chapulines a los que no les importan los señalamientos, las críticas y las expresiones en su contra de todos los electores que resultan defraudados por falsas actitudes de quienes resultan ser sus representantes municipales.

Ahí, los que quedan mal parados y sufriendo el embate de los cuestionamientos, son los dirigentes de los partidos políticos, quienes nada hacen ni pueden hacer por detener a los que un día fueron sus abanderados.

No hay ley que impida el chapulineo y tampoco hay forma alguna de que los partidos políticos en Veracruz y a nivel nacional, sigan estando convertidos en, únicamente, trampolines para alcanzar un cargo político.

O, ¿habrá algo oscuro en cederle y concederle a algún aspirante las siglas de un partido político para alcanzar un cargo político?