Se escucha mal, tal vez, el pronunciar aquella frase de “se los dijimos” Pero, discúlpennos: ¡Se los dijimos!
Nos referimos al campo mexicano y, por ende, al veracruzano también. En innumerables ocasiones, señalamos en este mismo espacio que el sector agropecuario, se lo estaba cargando el payaso. Dijimos que el campo estaba en caída libre y sin paracaídas y que su muerte era strike cantado, como se dice en el béisbol.
Los productores de las distintas ramas agropecuarias, desde hace años han venido gritando, solicitando, demandando y reclamando a los gobiernos en turno que voltearan a ver al campo y a los campesinos. Los “expertos funcionarios” que cada sexenio son colocados en las áreas estratégicas que tiene relación con el campo, se dedicaron más a pensar en el puesto político siguiente, que en brindar una atención integral a un sector que ya había entrado en agonía y el desenlace, hoy lo estamos viendo.
Las manifestaciones de productores agropecuarios que hace unos días salieron a manifestarse, demandando la atención que debieron de haber recibido hace 50 años, no son cosa fortuita ni una acción que se tenga que soslayar. No. El bloqueo carretero que en casi todas las carreteras del país realizaron los hombres del campo, productores de distintas ramas de producción, en unión con transportistas que reclamaron seguridad en las carreteras, literal, paralizaron el país, es el principio de que ha despertado un tigre y que difícilmente podrán controlar.
Arroceros, maiceros, limoneros, cafeticultores, piñeros, y ahora, para “fregarla de acabar” los productores de caña de azúcar, están demandando una atención urgente para tratar de salvar lo poco que queda en esos sectores productivos. Afirman que cuando hay producción, los precios andan por los suelos; por lo que, afirman, la situación económica se ha vuelto un caos y los gritos que se escuchan en las manifestaciones es “atiendan al campo, nos estamos muriendo de hambre”
En el sector agropecuario, el cual es el sector primario en la cadena de producción, al llegar el colapso, de manera colateral se ven afectados los demás sectores y la situación se vuelve más complicada cuando por un lado hay gritos que estremecen y por el otro unos oídos que no escuchan o no quieren escuchar.
En Veracruz, los “expertos funcionarios” que han estado al frente de la Secretaría correspondiente, vivieron el cargo, disfrutaron del puesto, pero de dar soluciones al sector agropecuario, nadamas nunca se vio nada.
Aún se recuerda a aquel funcionario que cuando le dijeron que el campo requería tecnología de punta, de inmediato se apresuró a entregar zapapicos, machetes, arados y espeques –instrumento elaborado con un pedazo de madera al que se le hace una punta y es utilizado en la siembra del maíz-
Y en sector federal, los nombramientos de los funcionarios designados por el dedo supremo para atender la problemática agropecuaria, carecen del perfil necesario, no tienen la mínima idea de lo que es la producción agrícola y, lejos de coadyuvar para encontrar soluciones, se les encuentra encerrados a piedra y lodo mientras el campo se sigue cayendo a pedazos. Hasta llegar a lo que estamos viendo hoy.
Hoy, lo que estamos viendo ya no es tan solo un campo que agoniza, que está a punto de expirar, no. Hoy también estamos viendo y escuchando los reclamos de unos productores que ya pasaron de las solicitudes por oficio, de los discursos oficiales en los eventos políticos a las declaraciones encendidas, a las palabras altisonantes pronunciadas de manera directa a la destinataria.
Hoy, el campo está en quiebra.
Y aunque se oiga y lea mal, ¡se los dijimos!
Señoras y señores… ¡el tigre ha despertado!
