Dentro de 12 días, ni uno más, en el Palacio de Gobierno del Estado, en Xalapa, los mariachis le estarán entonando Las Golondrinas al gobernador Cuitláhuac García Jiménez, al tiempo que le estarán solicitando que se vaya de Veracruz.
El paso del maestro universitario, ingeniero de profesión, con un doctorado que no pudo acreditar, ya ha sido calificado por los veracruzanos como el peor que ha tenido la entidad y cuyos nulos resultados son visibles desde la luna.
El bailador y comediante de carpa, se va de Veracruz, sí, pero deja un estado maltrecho. Carreteras destrozadas, con socavones por todos lados y caminos de herradura en grandes tramos; deja también un campo sin producción y sin visos de producir alimentos ni para el consumo interno.
El Cuicaras, como se autonombraba cuando fungía como payasito, se va a otros sitios, a otro lugar, invitado para colocarlo no se sabe en qué lugar, pero los veracruzanos esperan que ya no esté cerca del estado que lo mantuvo durante seis largos y pesados años, sobre todo para que no siga causando más tropelías.
Nadie, exactamente nadie habrá de olvidar al gobernante que, ebrio de poder, engolosinado por las exquisiteces que brinda el cargo, convirtió a Veracruz en un santuario donde se aprobó un delito llamado ULTRAJES a la autoridad que sirvió para, sin motivo y sin fundamentación alguna, encarcelar y enviar a prisión a los enemigos de su administración. El delito no existe per se, los amanuenses del payaso gobernador lo inventaron y se dieron la gran vida deteniendo a jóvenes al salir de las discotecas o antros y violando flagrantemente la ley, los recluían y para liberarlos tenían que desembolsar fuertes cantidades de dinero.
Nadie, pero nadie, de ninguna manera va a olvidar al famoso cártel de las grúas. Aquellos que sin ton ni son subían vehículos a sus plataformas para después cobrar jugosas cantidades para poder liberarlos.
Los jubilados y pensionados que se instalan cada día jueves frente a palacio de gobierno, reclamando sus ya ganados emolumentos y los cuales no les quieren entregar; las madres buscadoras de sus hijos, quienes nunca recibieron ni una palmada de aliento por el principal ocupante del palacio; los veracruzanos que pagan tarifas de electricidad como si siempre tuvieran el servicio, pero que en muchos de los hogares apenas si cuentan con un foco. No, no lo van a olvidar.
Tampoco lo van a olvidar los alumnos y maestros de muchas de las escuelas de la entidad, que en sus centros escolares carecen, precisamente, hasta de energía eléctrica, de baños adecuados de espacios donde desarrollar actividades físicas; incluso carecen hasta de maestros, lo que ha obligado a los padres y madres de familia a realizar plantones, bloqueos y de todo tipo de formas de manifestaciones para que las autoridades educativas envíen el “recurso” que tanto demandan.
Mucho menos o van a olvidar los niños enfermos de cáncer, para los que nunca tuvo la más mínima delicadeza y tampoco hubo recursos para comprarles los medicamentos que tanta falta les hacían. Nadie, pero absolutamente nadie lo va a olvidar.
N’ombre, quien creen que va a olvidar al gobernante que durante el sexenio se dedicó a andar con un machete limpiando camellones de avenidas, y haciendo cuanta actividad creía él que le generaba simpatías.
No, de plano no le van a olvidar. Y más lo van a recordar cuando llegue febrero de 2025 y no haya cumplido con la justificación de los pendientes de la Cuenta Pública.
Las cosas están a punto de cambiar. Tan solo faltan 12 días, hoy es 18 de noviembre.
