Cecilio García Cruz / Jesús te Ampare
El Tren Maya es un fracaso rotundo. No es opinión. Son sus propios estados financieros.
La obra que nos prometieron en 120 mil millones de pesos terminó costando más de 550 mil millones y si sumamos subsidios, pérdidas y sobrecosto, ya va en 558 mil millones.
El capricho más caro de la historia reciente de un viejo terco.
Y no se aparta de los números rojos. En el primer semestre de 2026 perdió 5 mil 13 millones de pesos, más que todo lo que derrochó en 2025. Eso significa que pierde 27 millones 797 mil pesos diarios. Veintisiete millones cada 24 horas.
En 2024 perdía 7 millones diarios, en 2025 subió a 10 millones y ahora ya va en 25 millones por día.
Desde su inauguración hasta junio de 2026 ha acumulado 14 mil 104 millones de pesos en gastos y pérdidas, contra apenas mil 60 millones de ingresos por boletos. Es decir, lo que gana vendiendo boletos representa apenas el 7.5% de lo que gasta para operar.
¿Y para eso cuánta gente mueve? Casi nadie.
De diciembre de 2023 a julio de 2026 transportó a 2 millones 665 mil 699 pasajeros. Son en promedio 3 mil pasajeros al día, cuando la promesa era de 60 mil diarios. Ni siquiera llega al 5% de lo prometido.
Si dividimos los 558 mil millones de costo total entre esos pasajeros, cada persona transportada nos ha costado 209 mil 365 pesos. 209 mil pesos por pasajero.
A eso súmale los percances. Ya no son accidentes aislados. Son periodismo puro: descarrilamientos, retrasos, fallas, evacuaciones.
El tren que iba a ser orgullo hoy es nota roja semanal.
Nos dijeron que sería rentable, turístico y de carga. Hoy sabemos la verdad: es un barril sin fondo que dilapida 27 millones diarios, mueve a 3 mil personas y cada boleto nos cuesta 209 mil pesos.
Sí, en efecto. El Tren Maya fue un error.
“Que no le digan, que no le cuenten…”
