Cuando en Veracruz se supo que el doctor Roberto Ramos Alor estaría al frente del IMSS-Bienestar en la entidad el pronostico generalizado fue de pesimismo y desesperanza, porque el desempeño de este personaje al frente de la secretaría de salud en tiempos de Cuitláhuac García fue deficiente, con lamentables resultados. En ese entonces hablaba de dar fina a una “medicina neoliberal” ante médicos y personal administrativo obligados a escuchar su retorica vacua y sin fundamentos. Nada resolvió al frente de la Secretaría de Salud su despido del cargo refrescó el ambiente. No es Ramos Alor quien va a resolver la compleja situación administrativa creada por la incorporación de las instituciones del Sector Salud Veracruzano al IMSS-Bienestar, que al igual que su antecesor, el INSABI, carece aun de forma y lleva en su seno la incertidumbre laboral de los empleados. Peor aún, padece los mismos síntomas: desabasto de medicinas, insumos para cirugías, equipo medico en deterioro paulatino, graves carencias denunciadas por personal administrativo, médico, paramédico y enfermería, lo que en su agria retorica Ramos Alor califica de “campaña de odio” de quienes, según su dicho, “perdieron privilegios”, sin definir cuáles son esos privilegios. Esa respuesta es solo para escurrir el bulto de su responsabilidad incumplida y pésimo desempeño.

Bien por quienes desde el “Rafael Lucio” decidieron hacer públicas las limitaciones institucionales en un Sector cuyo buen funcionamiento debe ser prioritario para todo gobierno. Este asunto no es tema que solo aqueja a Veracruz, coincide la protesta en Xalapa con la movilización realizada ayer por enfermeras y enfermeros del Hospital de Pediatría del Centro Médico Nacional Siglo XXI para denunciar falta de personal, materiales e insumos para realizar sus labores. Tampoco son los únicos, porque en Coatzacoalcos y Veracruz la queja es la misma “campaña de odio”. Pero, llama poderosamente la atención que la sociedad civil, la directamente afectada por cuanto acontece en el Sector Salud de la entidad, no aparezca por ningún lado. Las asociaciones gremiales se mantienen a la expectativa, como si en verdad estuvieran ajenas al problema y no las afectara. Esta condición señala el grado de inmadurez social que padecemos, una sociedad poco participativa, cuyos individuos en actitud egoísta quedan a la espera de quien se levante a protestar por ellos, sin tener conciencia que con esa actitud propician los abusos y omisiones del poder público. Por eso estamos como estamos y nos va como nos va.