En el colmo de la desfachatez, Martin Aguilar está a punto de presentar una renuncia espuria a su espurio puesto de rector espurio de la Universidad Veracruzana.

     El chiste se cuenta solo. Ahora resulta que todo el tinglado ilegal que le montaron para que siguiera al frente de la casa de estudios fue únicamente para que completara los cinco años en el cargo necesarios para que pudiera cobrar, como jubilado y para lo que le queda a su funesta vida, los 180 mil pesos que cobra como sueldo mensual.

     Cierto, la normatividad universitaria lo prevé y no es una incorrección legal, pero sí es más de condenar que Martín desdore el alto puesto que detenta con sus tremendas faltas de congruencia:

     1. La Cuarta Transformación tiene como divisa que ningún funcionario gane más de los 134,290 pesos netos mensuales que recibe la Presidenta de la República, y el desmemoriado historiador se pasa ni más ni menos que por 45,710 pesos.

     2. Con ese ingreso en efectivo y las facilidades adicionales que recibe como Rector (vehículo de lujo, chofer, asistentes, teléfono celular, gastos de representación), Martín desdeña el principio de austeridad que pregona Andrés Manuel López Obrador y que a tantos de sus seguidores y parientes les cuesta tanto guardar.

     3. Con esta apresurada huida, difícil le será a Martín convencer a la comunidad universitaria -agraviada por las ilegalidades cometidas para que permaneciera en el puesto- que tenía intención de continuar en el rectorado para consolidar los proyectos que había echado a andar durante los primeros cuatro años de su mandato, como dijo tantas veces cuando la Junta de Gobierno lo impuso de manera arbitraria.

     Martín, lo dicen muchos de sus conocidos y examigos, es un universitario mediocre, con pocas luces intelectuales y sin ningún carisma. Con esos atributos al revés, difícilmente podría sentirse cómodo sentado en la silla de Rectoría, en la que se veía obligado a mandar sin vocación, a planear sin talento y a encabezar sin ningún liderazgo.

     Aceptó estar un año más en el incómodo cargo solamente por la ambición del jugoso sueldo jubilatorio, que de ninguna manera se merece moralmente, después del desastre en que tiene colocada a nuestra Universidad; desastre en lo académico, en lo financiero y en el desprestigio ante la comunidad estatal, nacional e internacional.

     Lo que se teme es que a la salida del Rector espurio, la sedicente Junta de Gobierno vuelva a pisotear los estatutos y la ley universitaria, y ponga en su lugar a una persona que no merezca la distinción y que no sea aceptada por la comunidad de la máxima casa de estudios de Veracruz.

     Como que ya estuvo bueno de tantas ilegalidades.

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