Según declaraciones del experimentado político zacatecano, y pastor de los diputados federales del partido en el poder, Ricardo Monreal, cerca de 150 pupilos de San Lázaro ambicionan reelegirse.

Así o más burdo el chiste.

Es tanto el valemadrismo de estos personajes que codician otros tres años de turismo parlamentario, esa bola de haraganes no quiere vivir en el error y ya pelean otra vez el escaño.

Pero eso no es todo, el zacatecano presume que está será la última oportunidad que tienen los comediantes, perdón, los diputados de reelegirse.

Es admirable el valemadrismo de los entenados políticos del macuspano.

Pero bajemos a la aldea y ocupémonos de los representantes populares veracruzanos, de esos que ni tan siquiera saben leer un discurso, de esos que han mostrado una gran aptitud para levantar el dedo y cobrar la dieta. De los mismos que no son otra cosa que unos auténticos borregos, los mismos que le cuestan una millonada al erario público.

Es de resaltar los viáticos, los boletos de avión, el seguro de vida, el seguro de gastos médicos mayores, entre otros beneficios que gozan, pero eso sí su productividad está en números rojos. Por supuesto que existen lo que sí trabajan, pero son muy, pero muy contados.

Lo anterior sin mencionar a sus asesores, esos sesudos personajes que no hacen otra cosa que cargar la talega del legislador, ser sus celestinos o mayates y claro embolsarse una jugosa mesada.

Todas las prestaciones o beneficios que tienen como diputados federales, jamás un trabajador responsable y honesto la podría llegar a ver en su larga vida laboral.

Muchos además de ser pésimos oradores, son faltistas, les vale madre el compromiso adquirido en las urnas, no tienen sentido de responsabilidad.

En su inmensa mayoría los parlamentarios presentan iniciativas que no pasan, la constante es que se aprueben las que envía el ejecutivo federal, esas sí, sin mayor pretexto son aprobadas.

La parálisis legislativa es amplia y el ausentismo es muy marcado, ya que es común ver a legisladores abandonar el recinto, o faltar, cuando su voto es determinante.

Son faltistas a más no poder, y vale madre ya ni se diga, total la mesada está segura.

Eso es valemadrismo, no chingaderas.

Provecho.