Héctor Yunes Landa*
Herencia de la perversa narrativa de López Obrador, Morena y sus gobiernos no cesan en su intento de dividir a los mexicanos en todas las formas posibles. La simplicidad de los fifís y chairos, la mafia del poder y el pueblo bueno, neoliberales y conservadores, entre muchos otros.
Ahora, la presidenta Claudia Sheinbaum pretende establecer que quienes aspiren a la Presidencia de la República, a una gubernatura o a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México y posean otra nacionalidad deban renunciar a ella para poder ejercer esos cargos.
Esta iniciativa estigmatiza la condición de la plurinacionalidad, presentando veladamente a quienes la ostentan como sospechosos de traición al país o un falso conflicto de interés.
Pero, ¿no hay más traición en aquéllos que profesan su lealtad absoluta a los afanes de un malogrado caudillo, a un partido o a un movimiento, antes que a la patria misma? La lealtad al país no se acredita con un documento migratorio.
Y la democracia no puede construirse excluyendo ciudadanos por una condición jurídica que, en muchos casos, ni siquiera tuvieron la posibilidad de elegir.
Datos oficiales del Consejo Nacional de Población y del INEGI estiman que existen alrededor de 21 millones de mexicanos con doble o múltiple nacionalidad. Ninguno de ellos podría ser electo si no renuncia a ella.
El argumento central del gobierno morenista ha sido la defensa de la soberanía nacional. La misma soberanía que utilizan para defender a personajes acusados de vínculos con la delincuencia organizada, para acusar injerencia extranjera en las elecciones y para ocultar el mayor robo de la historia: el huachicol fiscal. Pero eso no es soberanía, es impunidad.
Tener doble nacionalidad no es, en la inmensa mayoría de los casos, un acto de deslealtad o una decisión deliberada; es una condición jurídica adquirida por nacimiento, en razón de la nacionalidad de los padres (ius sanguinis) o por el lugar de nacimiento (ius soli).
La doble nacionalidad no necesariamente es producto de una decisión política, ideológica o de conveniencia personal. Es decir, existen personas que no eligieron tener dos nacionalidades.
El artículo 1.º de nuestra Constitución es claro: en México todas las personas gozan de los mismos derechos humanos y garantías para su protección, y queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional. Entonces, ¿por qué ahora pretenden clasificar a mexicanos de primera y de segunda?
¿Qué le está diciendo Morena a millones de mexicanos con esta reforma? “Usted es mexicano para votar, para pagar impuestos, para cumplir la ley, para trabajar y para contribuir al país”. “Pero usted no es suficientemente mexicano para aspirar a determinados cargos porque también tiene otra nacionalidad.”
Incapaces de competir en equidad y con propuestas de altura, recurren al veto institucional, la exclusión y la alteración de las reglas del juego democrático para atrincherarse en el poder. No lo van a lograr.
Muy pronto los mexicanos, con doble nacionalidad o sin ella, los echaremos del poder.
La puntita
El meme es de quien lo trabaja. Hasta ahora -mañana quien sabe-, una persona puede criticar al gobierno sin temor a que una autoridad convierta esa crítica en un asunto penal. Pero en lugar de aclararlo, Morena y su gobierno alimentan el temor social a al castigo.
*Presidente de Alianza Generacional por Veracruz
