+ SEFIPLAN desmiente cifras difundidas desde el altiplano.

+ Rocío Nahle sigue recibiendo misiles mediáticos contra su gobierno.

Miguel Valera

La guerra de intereses, la infodemia, las campañas de desinformación no cesan, son pan de cada día. Los ciudadanos tenemos que acostumbrarnos a vivir con ello y capacitarnos cada día para discernir, para encontrar el quid, el gozne, la médula de lo real y todos los lados de la caleidoscópica realidad.

Lo escribió con mucha claridad el gran filósofo polaco, Zygmunt Bauman: “La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de historiadores y etnógrafos. A cambio, se nos aparece como una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido”.

Esto ha pasado en Veracruz con cifras difundidas sobre el subejercicio presupuestal 2025. Qué bueno que haya oposición, qué bueno que haya crítica, qué bueno que a la entidad se vigile con lupa. Eso es bueno para todos los ciudadanos. Sin embargo, hay que señalar que hay cifras que sacadas de contexto pueden manipularse políticamente.

Ante interés de generar escándalo, la Secretaría de Finanzas y Planeación ha dicho que estos datos deben analizarse a partir de la Cuenta Pública Consolidada del Poder Ejecutivo, que integra las distintas etapas: presupuesto autorizado, modificado, comprometido, devengado y pagado, así como los recursos contratados por ejercer y los que quedaron sin contratar.

“Esta distinción permite identificar qué recursos ya tenían un destino formal, cuáles estaban pendientes de pago y qué montos aún no contaban con un contrato. Por ello, considerar únicamente el dinero pagado al 31 de diciembre no permite determinar, por sí solo, si existió un subejercicio”, ha dicho la dependencia en una pieza informativa.

Hay que decir con claridad que el tema presupuestario es complejo, pues el gasto público no funciona como una cuenta de supermercado en la que, al llegar el 31 de diciembre, se revisa cuánto dinero salió de la caja y todo lo demás se considera perdido.

Existen procedimientos legales y contables en sus distintas etapas: presupuesto aprobado, modificado, comprometido, devengado, ejercido y pagado.

Y cada una significa algo diferente. Pero si no se sabe del tema o simplemente interesa atacar sin fundamentos, se puede caer en este tipo de situaciones. Ataques sin argumentos.

Pero para aquellos que sí quieren conocer, existe, por ejemplo, la categoría de comprometido; no es dinero disponible para cualquier otra cosa. Es un recurso que ya tiene un destino formal, generalmente respaldado por un contrato, una obligación adquirida o un procedimiento administrativo en marcha. Que todavía no aparezca como pagado no significa que haya desaparecido, que nadie lo haya utilizado o, mucho menos, que exista automáticamente un subejercicio.

Aquí está el punto que parece haberse perdido en algunas interpretaciones nacionales y estatales: el cierre del ejercicio fiscal no significa que todos los procesos administrativos terminen ese mismo día.

La propia legislación contempla plazos para concluir obligaciones y, tratándose de determinados recursos federales etiquetados, permite que aquellos comprometidos al cierre del ejercicio sean pagados durante el primer trimestre del año siguiente, siempre que se cumplan las condiciones establecidas.

Entonces, la idea de que Veracruz dejó miles de millones de pesos sin ejercer proviene de una lectura parcial, malintencionada y, a todas luces, guiada por el desconocimiento de los procesos.

Los datos proporcionados por la Secretaría de Finanzas y Planeación son contundentes. En el sector Salud, por ejemplo, el ejercicio de los recursos alcanzó 99.9 por ciento, con una diferencia de apenas 62 mil 703 pesos. No los 3 mil 512 millones de pesos que se han presentado públicamente como supuesto subejercicio.

En Infraestructura y Obras Públicas ocurrió algo igualmente importante: de los 4 mil 652.7 millones de pesos destinados a inversión durante 2025, 4 mil 317.2 millones ya estaban comprometidos, es decir, 92.8 por ciento. Sólo 335.5 millones permanecían sin contratar al cierre del ejercicio.

¿Es lo mismo tener un recurso sin contratar que tener una obra, un servicio o una obligación formalmente comprometida?

Evidentemente no.

Y esa diferencia no es un tecnicismo menor. Es precisamente la diferencia entre analizar seriamente las finanzas públicas y utilizar una cifra aislada para construir una narrativa política.

Porque también hay que decirlo: resulta demasiado cómodo observar únicamente lo que no estaba pagado al 31 de diciembre y convertirlo en una acusación contra una administración que, durante este primer tramo de gobierno de Rocío Nahle García, ha puesto buena parte de sus recursos en infraestructura, salud, servicios públicos y obras que hoy pueden verse en territorio veracruzano.

Las cuentas públicas son documentos entregados al Congreso del Estado y disponibles para su consulta, de manera que cualquier persona puede revisar los datos, conocer las distintas etapas del ejercicio presupuestal y verificar cómo fueron aplicados los recursos.

Las cifras deben tener contexto, pero las obras también.

Hospitales, caminos, infraestructura hidráulica, rehabilitación de espacios, equipamiento y servicios no aparecen por generación espontánea. Detrás de cada uno existe presupuesto, licitación, contratación, ejecución, supervisión, estimaciones, comprobación y pago.

Pretender que todo ese proceso debe quedar concluido exactamente al terminar el año fiscal es desconocer cómo funciona el ejercicio del gasto público.

Y más preocupante todavía sería exigir que una administración acelerara pagos o brincara procedimientos legales simplemente para que una estadística de cierre se vea más atractiva.

Los recursos públicos tienen que ejercerse conforme a la ley, no conforme al calendario de los titulares o intereses de algunos funcionarios.

Lo otro, eso de tomar una cifra aislada, convertirla en miles de millones “sin ejercer” y utilizarla para sugerir que el Gobierno de Veracruz no utilizó sus recursos, es, por decir lo menos, una interpretación incompleta, dejando de lado, malintencionadamente, el proceso.

Desde el inicio de su administración, la gobernadora Rocío Nahle García ha enfrentado una crítica particularmente intensa desde algunos espacios nacionales. Pero una cosa es cuestionar a un gobierno (lo cual es legítimo y necesario en democracia) y otra muy distinta es presentar como hecho una conclusión que no resiste una revisión integral de la propia metodología presupuestaria.

La Cuenta Pública es un proceso, tiene reglas, etapas, plazos y responsabilidades. Y mientras ese proceso se encuentre en curso conforme a la normativa vigente, no puede afirmarse que existe un subejercicio.

No se trata de creerle a un gobierno por decreto sino de revisar la información completa y entender qué significa cada cifra.

Veracruz tiene recursos comprometidos, obras en ejecución, servicios que continúan prestándose y obligaciones que deben concluirse conforme a los procedimientos establecidos.

Significa no llamar subejercicio a lo que jurídicamente todavía forma parte de un proceso de ejecución.

Y significa, sobre todo, entender que los recursos públicos no se aprovechan únicamente cuando cambian de una cuenta bancaria a otra: se aprovechan cuando tienen un destino, con la información completa, en los tiempos y bajo las reglas que establece la ley.

Pero bueno, usted amable lector, entérese, discierne y juzgue, porque todos estamos en la libertad de hacerlo. Tan tan.

@MValeraH