A menudo escuchamos encendidas catilinarias contra lo “caro” que resultan para el fisco el INE y los partidos políticos, incluso se han formulado teorías acerca de la innecesaria existencia de estos. Sin embargo, omiten referir la contraparte, es decir, la tesis que da por sentado que una democracia es inconcebible sin partidos políticos, ¿bajo qué régimen viviríamos si nuestra estructura de gobierno no fuera la democrática? ¿en un régimen de partido único tipo Rusia o Cuba? Curtida ya en larga e histórica tradición de cultura democrática ¿resistiría nuestra nación una dictadura o un régimen autoritario? Son reflexiones con las cuales deberíamos acompañar las observaciones críticas hacia el INE y los partidos políticos. De allí la importancia del INE, de su autonomía y fortaleza, para controlar la existencia y accionar de los partidos políticos, servir de conducto para su financiamiento, distribuirlo a cada partido de acuerdo al mandato de la ley y vigilar el uso correcto de ese dinero público. Bien decía el clásico: “la democracia no es el mejor de los sistemas de gobierno, pero es el único que tenemos”, o, como decía Churchill: “es el menos malo de los sistemas políticos”.

