La renovación del Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz se presenta ante el Congreso como un ejercicio abierto: entrevistas, comparecencias, una terna que “deberá” salir de méritos y capacidades(ajá).
Pero quienes conocen el tablero saben que la decisión de fondo ya se tomó en Palacio de Gobierno, y que el proceso legislativo solo viste de formalidad lo que la gobernadora Rocío Nahle García ya resolvió.
Hubo, en algún momento, una terna real, no la que verá el Congreso este viernes entre la segunda camada de aspirantes, sino la que se cocinó puertas adentro.
La integraban el ex alcalde de Coatzacoalcos, Amado Cruz Malpica, hombre de toda la confianza de la gobernadora; la Contralora General del Estado, Bárbara Galindo, nacida en Tamaulipas, para quien de hecho se realizó una reforma constitucional que abrió la puerta a que una persona no nacida en Veracruz pudiera ocupar el cargo y también muy allegada a Nahle.
Y el tercero en discordia, el ex alcalde de Papantla, Eric Domínguez Vázquez, actual subsecretario de Administración y Finanzas de Sefiplan, que llega precedido de una fama pública que no le ayuda.
Los dos primeros eran la opción natural.
No por afinidad partidista ni por cercanía personal únicamente, sino por lógica, cálculo político elemental e incluso sobrevivencia: son ellos quienes podrían cuidarle la espalda a Nahle.
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La persona titular del Orfis que tomará protesta el próximo 26 de septiembre, será la que califique la última cuenta pública del sexenio de Nahle, la revisión que definirá si el manejo de los recursos estatales de esta administración queda limpio en el papel o queda expuesto a observaciones que después se litigan en tribunales, en la opinión pública o en ambos y que puede… o no, terminar en la cárcel.
Y sin embargo, en algún punto del camino hubo rompimiento con Amado, de la contralora tampoco volvió a saberse nada, y de hecho ninguno de los dos apareció en la lista final de aspirantes registrados.
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Lo que iba a ser una sucesión controlada se quedó sin sus dos alfiles.
Eso deja a Eric Domínguez como la apuesta que queda en pie, y hay quien se regodea con su llegada al Orfis.
No por afecto, sino porque conocen su trayectoria de traiciones y saben que Nahle difícilmente será la excepción a esa historia.
El papanteco tiene, dicen quienes lo conocen de cerca, un solo jefe al que obedece: el dinero.
Y en ese terreno, a la gobernadora, hay una cosa que sus allegados repiten como advertencia: no se le puede tocar absolutamente nada, es un tema sen-si-ble.
Las apuestas en los pasillos políticos van doble contra sencillo a que Eric, tarde o temprano, terminará por “picarle los ojos” a quien hoy lo impulsa al cargo, es historia vieja y conocida…
El que avisa no es traidor, dice el dicho, y en este caso el aviso ya circula desde antes de que se cuente el primer voto.
Por lo pronto, este viernes el Congreso entrevistará a la segunda camada de los 28 aspirantes inscritos al Orfis, y ahí estará Eric Domínguez, entre comparecencias que simulan competencia abierta para un cargo cuya definición, insisto, ya salió de Palacio de Gobierno antes que del Legislativo y del que hay instrucción directa que apunta a Papantla.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
