Ponerle nombre y apellido a “las culpas del pasado” es una de las suertes favoritas de Morena. Cuando el presente no alcanza, se abre el panteón político, se sacude algún cadáver electoral y se le cuelga la factura.

El recurso está más sobado que moneda de peso, pero todavía hay morenos que creen que funciona. Pedro Miguel Rosaldo García, alcalde de Coatzacoalcos, decidió probar suerte. Y disparó.

“Quien llevó a Coatzacoalcos hacia abajo de manera constante desde hace 20 años, tiene nombre y apellido, se llama Marcelo Montiel. Él y su cabildo aprobaron la bursatilización de Coatzacoalcos”, soltó el edil durante una asamblea de Morena en el Parque Independencia. ¡Pum! El tiro iba para Marcelo. El culatazo le pegó a Pedro Miguel, porque en lugar del aplauso, de la indignación colectiva y de una multitud exigiendo la cabeza del exalcalde, lo que vino fue una cascada de comentarios recordándole a Rosaldo un pequeño detalle:

La gente tiene memoria. A veces selectiva, sí, pero no siempre selecciona lo que Morena quisiera.

Muchos porteños salieron a decir que con Marcelo Montiel Coatzacoalcos estaba limpio, iluminado, tenía vida, obra y una autoridad cercana. Recordaron que ganó dos veces la alcaldía y algunos, incluso, dijeron que volverían a votar por él sin importar el partido.

¿Es eso una absolución histórica de Marcelo? No.

La nostalgia no es una auditoría y el cariño popular tampoco borra expedientes, deudas ni decisiones financieras.

Pero hay algo que Pedro Miguel no calculó: en política, la percepción también hace historia.

Y mientras él pretendía explicar el deterioro de Coatzacoalcos mirando 20 años hacia atrás, los ciudadanos voltearon apenas ocho años y encontraron a Víctor Carranza Rosaldo y Amado Cruz Malpica, los dos últimos alcaldes de Morena antes que él. Ahí, curiosamente, el dedo acusador perdió señal.

De Carranza hubo acusaciones públicas por presuntas irregularidades en contratos y adjudicaciones de obra, señalamientos que fueron recogidos desde 2019.

Y la administración de Amado Cruz Malpica terminó también bajo cuestionamientos periodísticos por el gasto en convenios de comunicación social; una investigación difundida en 2025 habló de alrededor de 40 millones de pesos anuales distribuidos entre decenas de medios y servicios relacionados. Son señalamientos periodísticos, no una sentencia judicial, pero existen y forman parte del debate público porteño.

Entonces la pregunta cae sola:

¿Por qué brincar la basura guinda para ir a escarbar la tricolor? Pedro Miguel barrió para atrás… pero cuidando que debajo de la alfombra no se asomara ninguna escoba de Morena. Peor aún. En noviembre pasado, siendo alcalde electo, Rosaldo reunió a once expresidentes municipales para escuchar “experiencias, consejos y visiones” sobre Coatzacoalcos. Ahí estuvo Marcelo Montiel. Pedro Miguel dijo que quería rodearse de quienes ya habían vivido la responsabilidad de gobernar y, de paso, anunció su aspiración de ser “el mejor alcalde de la historia”. ¡Caray! Si ya sabía que Marcelo tenía nombre y apellido como responsable de haber empujado a Coatzacoalcos al barranco financiero… ¿Para qué lo invitó? ¿A pedirle consejos o a tomarle declaración? ¿A escuchar su experiencia o a preguntarle dónde había dejado escondida la pala con la que, según Pedro Miguel, cavó la tumba económica del municipio?

Porque uno supondría que si descubres al arquitecto de una catástrofe financiera de 20 años, no lo sientas a la mesa para preguntarle cómo gobernar. Salvo que en noviembre Marcelo fuera “experiencia” y en julio resultara más útil convertirlo en “culpable”. La política también tiene sus cambios de temporada.

El problema fue que el nombre elegido para recibir el golpe todavía ocupa un espacio importante en la memoria colectiva de Coatzacoalcos. Y ahí vino el culatazo.

Tras la reacción en redes, Pedro Miguel salió a precisar que la bursatilización “no es un tema de división ni de echarle la culpa a alguien”. ¡Ah, chinga! Dos días antes el problema tenía nombre y apellido. Marcelo Montiel. Y después ya no se trataba de echarle la culpa a nadie. No reculó. Nomás le puso reversa a la explicación. Quadratín documentó que, tras la ola de reacciones, el alcalde sostuvo su crítica a la bursatilización, pero amplió el catálogo de deudas históricas a CFE, CMAS y Banobras.

Quizás Pedro Miguel se siente con espalda suficiente para aguantar el culatazo. Él mismo presumió, antes de asumir, que su “gran ventaja” sería la cercanía con la gobernadora Rocío Nahle y que esa relación le daba tranquilidad y confianza para sacar adelante Coatzacoalcos.

Y vaya que el apellido Rosaldo atraviesa hoy varias oficinas.

Mauricio Alexandro Rosaldo García, hermano del alcalde, fue designado delegado en Veracruz de la FGR en 2025. Andrés Augusto Rosaldo García aparece en documentos oficiales de la Secretaría de Seguridad Pública como Oficial Mayor de la dependencia. Eso, por sí solo, no prueba nepotismo ni significa que Rocío Nahle haya nombrado a todos los Rosaldo del directorio telefónico. Pero políticamente sí construye una imagen de poder familiar:

Pedro Miguel en Coatzacoalcos.

Mauricio en la Fiscalía Federal.

Andrés en la administración de la SSP.

Ah! Y el propio Pedro Miguel encabezando el Consejo de la Conferencia Estatal de Seguridad Pública Municipal.

Así que más que buscar nombres y apellidos para las culpas del pasado, quizá convendría comenzar a cuidar los nombres y apellidos del presente. Porque el pasado podrá estar bursatilizado… pero el presente tiene organigrama.

Y pensar que antes nos quejábamos de que había un chingo de Yunes.

Ahora, por lo visto, nos sobran Rosaldos…

¡y Garcías!