por: Alfredo Bielma Villanueva
No son nuevas sino alarmantes las señales que nos llegan de Rusia y Europa respecto a una cuarta ola de contagios y decesos provocados por el Covid-19; estadísticamente pudiéramos señalar hacia una tendencia, si nos atenemos a lo ocurrido en marzo y agosto de 2020, y enero y agosto de 2021, cuando las llamadas primera, segunda y tercera olas aterrorizaron a la humanidad en grado extremo de una mortal pandemia. Esos repuntes nos señalan lo incierto del rumbo de esta pandemia, aunque nos avisa también que estamos lejos de ubicarla ya en el rango de endémico, porque la cobertura de vacunación aún no protege al mayor número de personas. De acuerdo al reporte de ayer, México ocupa el séptimo lugar mundial en nuevas muertes (356 ayer), y el cuarto lugar en la proporción mundial, 291 mil 929. No alienta mucho el escenario de un país casi todo en verde, pues el semáforo sanitario en este país se descompuso por contaminarse con narrativas políticas y el poco apego a las recomendaciones internacionales: sana distancia, uso de cubrebocas, no permanecer en lugares cerrados y evitar las concentraciones y, obviamente, vacunarse quienes aún no lo hacen. No parece haber de otras porque en este caso esta visión pesimista puede servir de salvavidas.

