Por Fernando Hernández Flores / TEPETOTOTL
Transcurrían los primeros siglos del primer milenio y los centros ceremoniales se quedaban abandonados por sus pueblos. Varias tribus seguían en su peregrinar por tierras desconocidas, viviendo los enfrentamientos durante su camino, padeciendo las enfermedades y sufriendo por la carestía de los alimentos, que cada instante, eran más escasos. Así pasaron veinte días, mes por mes y se fueron agotando las esperanzas por descubrir aquel mítico lugar que describiera el colibrí, el ave protectora del Anáhuac, el guerrero izquierdo, el dios que protegía a los habitantes de Aztlán y de sus alrededores. Ese personaje que es reconocido como Huitzilopochtli. Hijo de la Cuatlicue, hermano de las estrellas, descendiente entre los grandes y en tan pequeña creación se manifestó, para que florecieran los pueblos originarios, de los cuales debemos sentirnos orgullosos por su legado que nos heredan a quienes habitamos en sus suelos, más que nuestros suelos.
Es el de las plumas preciosas, el venerable señor tan amado por los toltecas, por los habitantes de Tula-Xicotitlán, por los mayas y por los mexicas. Es relacionado con el viento y con la obtención del maíz, la comida indispensable para la subsistencia de los chichimecas y toltecas (estos últimos son los máximos constructores de aquellos tiempos) los que entregaban su vida en el juego de pelota, ahí entre las pirámides del sol y la luna. Es el ser supremo de la bondad, el que no estaba de acuerdo con los sacrificios humanos, el Dios de la justicia, Quetzalcóatl. Es quien vuelve en cada amanecer y se levanta radiante en la forma del sol. Es el coyote, el águila y el jaguar quienes se dejan guiar por Kukulkán, para los mayas, y Quetzalcóatl, para los toltecas.
Es el movimiento que nos permite transitar del Omeyocan al Mictlan, donde se encuentra al maíz, los pedernales que hieren, el conejo que convive con la luna y la casa que nos sostiene. Es uno de los cuatro Tezcatlipocas, el benefactor que nos otorgó las artes y la cultura. Es Ce Acatl Topiltzin Quetzacóatl, Xochitlahtolli, donde la palabra que se embellece vuelve a resurgir entre las nuevas generaciones a través del arte de la elocuencia y el buen hablar. Es un campeón entre campeones de la oratoria quien decide convocar, quien hace coincidir a distintas voces del cerca, del junto, del allá y del acá, para que se organizara el primer Certamen Nacional de Oratoria desde la ciudad que florece a borbotones, Xalapa. Y ese reconocimiento es hacia Susano García y a todo su equipo de COINCIDE. Es así, que se hicieron venir desde diferentes puntos del territorio mexicano y hasta del exterior. Se hicieron escuchar sus ideales, hablaron sobre distintas verdades en las que llegaron a coincidir, porque son las juventudes que se informan a través de los libros, el conocimiento amplio y la sabiduría que les permite ser despertadores de conciencias.
Son en estas breves líneas, donde me permito en felicitar a cada uno de los participantes del Certamen Nacional de Oratoria Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl. Ahí es donde tuve la oportunidad de escuchar la eliminación más cardiaca entre las cardiacas, donde dos jóvenes se disputaron por cuarta ocasión el triunfo máximo desde la tribuna. Es ahí donde escuché a un joven que cuenta con 23 años de edad y que aspira a ser un mejor ser humano, cada día. Es una persona que devora libros, tal como lo expresara el maestro de maestros José Muñoz Cota. Es a quien le gusta explorar la naturaleza y se sumerge en la historia para conocer las distintas culturas del mundo, incluida China, Grecia y Mesoamérica. Es a quien le apasiona y practica constantemente la oratoria. Es un estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México, el campeón del Certamen que se realizó el Colegio de Veracruz, el guerrero de la palabra es Pablo Enrique Barrera Delgado. A quién desde aquí, le decimos sigue volando en alto y jamás olvides tus raíces mexicanas.
(*) Escritor veracruzano de un rincón del Totonacapan.
Correo: venandiz@hotmail.com Twitter: @tepetototl
