La soberanía, explica Miguel Molina •
*En Coatza Pedro Rosaldo, ¿viene del pasado?
Buen día apreciado lector: “…México, creo en ti, porque escribes tu nombre con la X que algo tiene de cruz y de calvario: porque el águila brava de tu escudo, se divierte jugando a los volados: con la vida y, a veces, con la muerte”.
En serio, en estos tiempos de masiosares inventados, uno quisiera ser El Vate López Méndez y gritar con patriotismo excelso: “México, ¡creo en ti!, como creo en los clavos que te sangran: en las espinas que hay en tu corona… México, ¡creo en ti!, porque si no creyera que eres mío, el propio corazón me lo gritara, y te arrebataría con mis brazos a todo intento de volverte ajeno, ¡sintiendo que a mí mismo me salvaba!”.
Sí que hay que estar inspirado para envolverse en la bandera y alentar a la lucha contra mafias.
Por eso me jala lo escrito ayer en Al Calor Político, de Joaquín Rosas, por el misanteco autoexiliado en Europa, Miguel Molina, que explica: “La soberanía… se ha usado de muchas formas durante muchos siglos. El error de los morenistas y su gobierno es creer que sólo ellos representan la soberanía nacional. Más allá de la cuarta transformación, hay sesenta y tantos millones de mexicanos que no votaron por Morena… Hasta donde sé, la soberanía consiste en que un estado se gobierne sin intervención externa. Cumplir con los acuerdos firmados no significa sumisión sino voluntad soberana de someterse a la revisión de sus pares, algo imposible en el México de nuestros días, donde la soberanía pertenece a quien grita más fuerte”.
¿Más claro?, hasta ahí, lo escrito por Miguel Molina, ora por allá.
En 1920 en Puerto México, Pedro Rosaldo. En 2026 Coatzacoalcos, ¡otra vez, Pedro Rosaldo!
En los archivos del Tribunal, entre páginas amarillentas y acuerdos que parecen dormir el sueño de los justos, aparece un dato que ilumina la memoria: en 1920, en Puerto México —hoy Coatzacoalcos— no había presidente municipal, sino una Junta de Administración Civil. Era una forma distinta de gobierno local, quizá más colegiada, quizá más experimental, que reflejaba las tensiones de un país que apenas salía de la Revolución.
La Junta, integrada por ciudadanos notables, tenía la tarea de mantener el orden en un puerto vital para el comercio y la vida del Golfo. Sus acuerdos, escritos con solemnidad, buscaban dar certeza en tiempos de incertidumbre.
Hoy, un siglo después, la figura del presidente municipal encarna esa responsabilidad, y el nombre de Pedro Miguel Rosaldo aparece como continuidad de aquella historia.
La valiosa Biblioteca del Poder Judicial del estado de Veracruz, en Xalapa, guardiana de estos documentos, se convierte en un puente entre épocas. Allí, cada acuerdo es más que un trámite: es un testimonio de cómo se ha construido la vida institucional de Veracruz.
ADMINISTRACIÓN, JUSTICIA Y RESPONSABILIDAD
Que la memoria de aquella Junta de 1920 nos recuerde que la justicia y la administración son tareas colectivas, y que cada generación tiene la responsabilidad de honrar la voz de quienes nos precedieron. En la Biblioteca Judicial, los acuerdos de 1920 no son polvo: son voces que reclaman vigencia. Hoy, al nombrar a Pedro Miguel Rosaldo, la historia nos recuerda que la administración es tarea de todos, ayer y ahora.
Por eso a todos y cada uno de los integrantes del nuevo Poder Judicial del estado, a sus nuevas cuatro presidentas —Rosalba Hernández Hernández, Luz María López Aburto, Paulina Elizabeth Ahumada Santana y, en especial, Alma Rosa Flores Ceballos— les llena de satisfacción y absoluta responsabilidad la encomienda que ahora reciben con nivel de encomienda popular.
Así lo esperan trabajadores y sobre todo los justiciables. Importante y trascendente: la confianza en el gobierno y sus representantes.
cadenag838@gmail.com (Premio Nacional de Periodismo 2022)
