Después de siete años y medio de mantenerse en el mando político nacional y en la mayor parte de las entidades federativas, el partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) está mostrándose como una organización aun no plenamente consolidada en el ejercicio del poder, atenida a yuxtaponerse con otras siglas partidistas, en este caso, el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista. Acentúa esa percepción un escenario donde no enfrenta el acecho antagónico del PAN, de Movimiento Ciudadano y mucho menos del PRI, y sin embargo requiere de la señalada alianza. Respecto de la oposición partidista, cuya presencia en el horizonte político nacional carece de beligerancia efectiva, PAN y MC flotan en el limbo de la inacción e incertidumbre, pese a que en el tejido social mexicano subyace una oposición social latente, a la espera de una convocatoria que convenza de una genuina competitividad electoral para hacer frente a la alianza oficialista. Pero, débiles y sin diagnostico cierto de la realidad, el PAN y Movimiento Ciudadano pretenden “competir” en solitario y en esa tesitura el resultado electoral, ni duda cabe, favorecerá a la alianza encabezada por MORENA, pese a la condición arriba descrita.
En otra pista, aprovechando las circunstancias, el Partido Verde Ecologista y el Partido del Trabajo, particularmente el primero, amagan con participar en solitario en entidades donde aseguran contar con fuera política suficiente en San Luis Potosí, Querétaro, Zacatecas, Tamaulipas y Quintana Roo. Es decir, como es lógico, a cambio de su sinergia con MORENA pugnan por conseguir rebanadas del pastel de 17 gubernaturas, no todas para MORENA. En este análisis interpretativo no se asume que MORENA “vaya a la baja” o se está “resquebrajando”, o que carezca del fuelle suficiente para ser competitivo en la elección venidera porque cuenta con la ventaja de ser partido en el gobierno y se apoya en la implementación de los programas sociales. Sin embargo, enfatizamos que sin alianza este partido no se muestra como absoluto dominante. Por otro lado, conviene poner el acento en la aquietada actitud y ausencia de beligerancia de los partidos de oposición frente a una realidad que exhibe fisuras en el bando contrario, condición que debiera ser aprovechada fuera de toda retórica con acciones y estrategias que les permitan un mejor posicionamiento en el ánimo ciudadano. Pero no, PAN y MC adoptan una actitud contemplativa, solazándose de que haya bronca en el ejido aliancista. En esa circunstancia, no se explica cómo podrían competir con éxito. Por éxito opositor se entiende impedir que la alianza oficialista complete la mayoría absoluta en el Congreso federal, conservar y rescatar entidades federativas para sus colores. Sin descartar una estrategia de MC que pudiera involucrar acuerdos en lo oscurito, al parecer lo prioritario para estos partidos de oposición es competir entre sí para presumir de “tercera o cuarta fuerza política”, quizás sea a lo más que puedan aspirar.
