Buen día, apreciado lector:
Leo en Crónica del Poder, Felipe Hákim Simón publica que el próximo 7 de junio, el Club de Periodistas de México AC, delegación Veracruz, que preside Uriel Rosas Martínez, entregará el Premio Estatal de Periodismo a reconocidos comunicadores veracruzanos.
Adelante, que entre ellos figuran “Rodolfo Herrera, presidente de la Asociación de Periodistas de Veracruz, y Víctor M. Toriz, Director Editorial de Imagen de Veracruz. En la parte académico-periodística, otorgará el galardón a Guadalupe Mar Vázquez, de gran trayectoria. Con información de «Café Jarocho» en Imagen de Veracruz. Foto de Palabra de Veracruzano”.
Semillero de reconocidos periodistas
Eso me alegra y me empuja a comentar que Veracruz y Xalapa y tantas otras regiones de este hermoso estado, cuentan con un gran número de periodistas veteranos y claro, jóvenes, que se han distinguido en su trabajo por la credibilidad social ganada a lo largo de los años.
Por eso considero que aquí en la Capirucha, el oficio y la profesión periodística han sido un semillero de talento que ha trascendido fronteras, acumulando nombres que ya forman parte de la memoria cívica nacional. Todos sabemos o conocemos de alguno.
Sin embargo, no faltan los colegas de todas las edades que, con risillas burlonas, sueltan comentarios cuando alguien se ostenta legítimamente con tales distinciones en sus respectivas publicaciones, aunque en realidad no molestan.
Esas risas, que pueden parecer ligeras, esconden una paradoja social profunda: mientras los jurados que no se ven, deliberan con rigor y solemnidad, en algunos cafés o pasillos se esbozan sonrisas que no alcanzan a borrar la trascendencia de esos reconocimientos.
Hoy estamos en tiempos en los que la profesión periodística, tan exigida y a la vez tan cuestionada, ha encontrado en los procesos de certificación y en los premios, un doble reconocimiento: por un lado, la validación técnica y ética de quienes ejercen el oficio hoy profesión; por otro, la celebración pública de las trayectorias —profesionales o empíricas— que han marcado generaciones.
Se supone que con el actual gobierno la certificación busca garantizar que el periodista se mantenga actualizado en las herramientas digitales, en la verificación de datos y en los códigos deontológicos que sostienen la credibilidad, lo cual vale… para el gobierno tal vez.
Se supone que no es un trámite burocrático para los periodistas sino un compromiso con la sociedad que confía en la palabra escrita de aquéllos y en la imagen transmitida de hace mucho.
Los premios son memoria viva
Los premios, en cambio, representan la memoria viva de la profesión. Cada galardón —sea estatal, nacional o internacional— es un espejo donde se reflejan las luchas por la libertad de expresión, la valentía frente a la censura o la capacidad de narrar la realidad con rigor y sensibilidad, que incluye ahora dolorosamente la autocensura.
Ambos caminos, certificación y premio, se entrelazan: uno asegura la calidad del presente, el otro honra la huella del pasado. Juntos, son testimonio de que el periodismo sigue siendo un oficio de servicio público, indispensable para la democracia y la memoria colectiva.
Más allá de las risas y las ironías, estos reconocimientos que antes siempre, claro que también ahora encabezó la sociedad, son remates y cierres de vida y trayectorias que merecen respeto y reflexión profunda.
Son huellas de una generación que ha sabido mantener viva la palabra y la memoria en tiempos difíciles, y que continúan inspirando a nuevas generaciones de periodistas en Veracruz y más allá.
Que Veracruz siga siendo nido de magníficos comunicadores.
Lo que se dice
Miguel Molina, Diario de un Reportero: El pueblo somos muchos.
Leyendo Al Calor Político: “…uno se consuela pensando que las novecientas toneladas de gotas de chapapote van a servir para hacer carreteras que un día serán como las de hoy, llenas de baches que uno ya recuerda con cariño porque los conoció desde que eran chiquitos”…
Y la reflexión de ayer de Manuel Rosete Chávez: “Yo como el paisano Heberto Castillo, no doy la vida de contado… la doy en abonos, para seguir luchando por la libertad de expresión.”
Para finalizar
No se le olvide, lector: hay que cuidar el agua, las plantas y vivir en armonía. Y ojo, también la democracia. Igual que el WiFi, si no se protege, un día se cae y nos deja incomunicados. Y la democracia, a diferencia del internet, no tiene repetidor. Que no nos falte el agua ni la democracia: ambas son vida, ambas sostienen la esperanza. Sin ellas, Veracruz sería un desierto sin voz.
“Que nunca falte la voz libre del periodista veracruzano, porque sin ella la democracia sería apenas un eco apagado.”
Cadenag838@gmail.com (Premio Nacional de Periodismo)
