Fue en una reunión de morenistas, semanas atrás. Me reservo el lugar, la ciudad y la hora. Ahí, una funcionaria estatal habló con simpatizantes de un grupo que encabeza. Les pintó el panorama estatal y no omitió decirles que las cosas no las tienen fácil en el estado como intentan proyectar hacia afuera.
Semejante a la gobernadora, se soltó a hablar y hablar. Se entendió que lo que platicó, o lo escuchó directamente de su jefa en una reunión privada o en petit comité con otros más, o es lo que saben adentro de oídas: no solo comentó que los distritos de Xalapa, local y federal, los llevan perdidos, sino que la señora tiene información, cifras, encuestas, que se lo confirman.
“La gobernadora da por perdida Xalapa. De todos modos, ordenó que se investigue al taquero, que se le busque y rasque para tratar de inhabilitarlo legalmente. Dio de plazo para tener resultados hasta diciembre”. Y entonces soltó: “No quiere a Xalapa, se distanció de la presidenta municipal (Daniela Griego), chocaron porque le dio instrucciones y no las atendió, quiere hacer lo que ella quiere (la alcaldesa). Por eso ni siquiera quiere estar en Xalapa”.
Entre otras cosas, comentó también que por eso la gober le había pedido al secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, que la ayudara, a ver qué podía hacer, y que el número dos le habría respondido que haría lo que pudiera, pero que no se comprometía a garantizar el triunfo.
Desde siempre ha evitado lo más que puede la capital
Los ecos de esa reunión me quedaron reverberando, sobre todo eso de que no quiere a Xalapa. No sé qué tan cierto fue lo que dijo la funcionaria, pero, en efecto, desde siempre, la señora ha evitado lo más que puede la capital. Está en Xalapa para lo estrictamente necesario, pero si no anda de gira de trabajo, se refugia en su mansión de El Dorado en Boca del Río, donde despacha y sostiene reuniones, o en otro espacio que usa de cara al mar, y se sabe que una interlocutora de confianza que tiene y a quien es fama que verdaderamente aprecia, que es su “consentida”, es a la alcaldesa de Veracruz, Rosa María Hernández Espejo, a quien se sabe que le confía que ejecute instrucciones suyas.
En el pasado reciente, mediato y remoto, de siempre para los gobernadores fue obligado, pero también un honor, vivir en Xalapa, despachar en el palacio de Gobierno, encabezar actos abiertos y cerrados en espacios de la capital y, sí, ir a actos a la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, pero especiales (Fernando Gutiérrez Barrios, Miguel Alemán Velasco, Fidel Herrera Beltrán, Javier Duarte de Ochoa, tenían residencias o departamentos en Veracruz-Boca del Río, pero siempre vivieron en Xalapa cuando gobernaron).
No es un secreto que a la gobernadora le gusta la comodidad que da vivir en una mansión de relumbrón, como la de El Dorado, donde según dijo alguna vez, paga una renta mensual de 35 mil pesos (en esa zona, una casita más modesta que la suya, si cabe el término, paga entre 7 mil y 10 mil pesos al mes solo por consumo de energía eléctrica, si es que ella paga y no está exenta), a lo que habría que sumarle el mantenimiento del inmueble, el pago del personal o servidumbre, el de impuestos, etcétera.
Mandó remodelar la Casa de Gobierno, pero no la usa
Xalapa, ciertamente, no le da la brisa del mar y lo más grandioso que le puede ofrecer, para lo que ella gusta, es el “nuevo” palacio de gobierno, forrado ahora de mármol, con lámparas que al menos hacen pensar en un lugar versallesco. Pero la capital le viene chiquita, por eso nunca ha habitado la Casa de Gobierno, que mandó remodelar a un costo de 2.4 millones de pesos, aunque está rodeada de colonias populares, de gente pobre y de clase media.
Sus vecinos de la Riviera Veracruzana (municipio de Alvarado), me platican cómo muchas veces saben cuándo sale y cuándo llega: porque escuchan el ruido del rotor de la hélice del helicóptero en el que muchas veces se moviliza. La Casa de Gobierno, donde vivieron y despacharon los gobernadores Agustín Acosta Lagunes, Fernando Gutiérrez Barrios, Dante Delgado Rannauro, Patricio Chirinos Calero, Miguel Alemán Velasco, Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte de Ochoa no tiene helipuerto. Ellos llegaban y salían en sus camionetas. Dante y Fidel incluso convivían con los vecinos cada que podían.
Tiene olvidada, abandonada, la capital
Sin duda, pues, Xalapa no le gusta, no la quiere, no la ve como el centro de los Poderes. Como no es originaria del estado, desconoce su historia y la larga tradición de ser el asiento de la residencia del gobernador en turno, de Hernández Ochoa, de Murillo Vidal, de Fernando López Arias, de Marco Antonio Muñoz, de Quirasco, etcétera.
De hecho, ella cambió el asiento de la capital del estado, de Xalapa a Boca del Río, y lo que le preocupa es dotar de obras grandes, necesarias sí, aunque también de relumbrón, al área donde vive, como el Puente Sotavento que conectará Boca del Río con la Riviera Veracruzana, con un costo inicial de 1,300 millones de pesos, pero tiene olvidada, abandonada, la capital del estado, que se asfixia por falta de agua potable y se ahoga con los embotellamientos diarios de vehículos porque no hace nada para intentar resolver el grave problema vial.
Eso explicaría por qué no estuvo el lunes en las colonias
Todo eso explica, así lo entiendo o interpreto, por qué ni la tarde-noche del lunes, ni el martes, ni el miércoles, siquiera hizo el intento por recorrer las 43 colonias de Xalapa que se inundaron, acompañada por los secretarios de Obras Públicas, Finanzas, Salud, Seguridad Pública, Protección Civil (en cambio si la lleva a Boca del Río para que esté pendiente de que no se caiga el escenario del Salsa Fest), la directora del DIF Estatal, los que fueran necesarios, para escuchar a los damnificados e instruir la ayuda inmediata.
No soy el único que observo el desdén que tiene por la capital. Algunos otros me han dicho que si no será que odia a la ciudad y a los xalapeños porque en la elección de 2024, si bien la ganó para ser gobernadora, en Xalapa perdió por aproximadamente 7 mil votos; la derrotó la mayoría de los capitalinos que salió a votar apoyando a Pepe Yunes, por lo que también se sabe que odia todo lo que huela a Pepe y a los pepistas, de tal modo que por eso castiga a los xalapeños. A ver si en 2027 no se las cobran.
A ver si no se la cobran, además, porque al no despachar en Xalapa, ya no llegan veracruzanos de todo el estado como antes, quienes requerían de hotel para pernoctar y de restaurantes para desayunar, comer o cenar, y de taxis para movilizarse, quienes no traían vehículos, y hoy los prestadores de esos servicios pasan por una severa crisis económica.
