Hay señales claras de que algo no está bien en la cabeza o en el corazón de nuestra gente: cuando las reacciones no corresponden ni a la lógica ni al sentido común, sino que se convierten en respuestas ideológicas o dogmáticas que de ninguna manera buscan soluciones.

Curiosamente, hoy vemos una sociedad que se moviliza con justa razón cuando en redes sociales se denuncia el maltrato hacia una mascota. Las voces se unen, exigen justicia y piden todo el peso de la ley contra el agresor. Sin embargo, frente a tragedias humanas que se repiten todos los días, parece que estamos en un pasmo colectivo.

Si un padre de familia se gasta su sueldo en la parranda y deja a sus hijos sin comer, se esperaría que el barrio entero lo señalara y que nadie saliera a defenderlo. Y si para colmo uno de sus chamacos está enfermo, el juicio social debiera ser implacable. No hay justificación que valga ante la irresponsabilidad.

¿Qué pasa entonces con los niños con cáncer que se quedan sin sus quimioterapias, con nuestros adultos mayores que regresan del hospital con la receta vacía, o con quienes requieren una cirugía urgente y escuchan la misma respuesta: «no hay insumos», porque alguien dejó de comprar lo elemental y la salud pública termina pagando los platos rotos?

Ahí es donde entra la incongruencia de la sociedad. En Veracruz causa enorme sorpresa la designación en el IMSS-Bienestar del doctor Roberto Ramos Alor. Recordemos que en su paso por la Secretaría de Salud estatal fue fuertemente cuestionado por el manejo de los recursos —incluido el presunto desperdicio de medicamentos oncológicos— mientras las carencias en los hospitales ahogaban a los pacientes. ¿Cómo entender que a quien falló en la encomienda lo premien de nuevo con la misma responsabilidad? ¿Para repetir la receta?

Vuelvo al punto inicial. Si esto fuera el caso de la mascota lastimada o del padre irresponsable, la indignación popular ya habría tomado las calles. Pero se trata de un tema ya desgastado: el desabasto de medicamentos que se dijo «resuelto» con una mega farmacia que ya no surte ni una receta, o con camionetitas que ni siquiera siguen la ruta lógica de atención a un enfermo. Nadie lo cuestiona. Ahora que los médicos protestan, el titular Ramos Alor los amaga; cuando lo exhiben, ofrece disculpas de diente para afuera, sin ningún compromiso real de garantizar los medicamentos. Da la impresión de que, como sociedad, ya nos acostumbramos a lo inaceptable —y solo reaccionamos cuando el enfermo sin insumos somos nosotros o un familiar.

El desabasto de salud no se resuelve buscando culpables en el pasado ni escudándose en la retórica partidista. La salud no tiene color político; tiene urgencia. Exigir eficiencia no es atacar a una administración, es defender la vida de los veracruzanos.

Si el sistema de salud de Veracruz fuera futbol, al responsable ya lo habrían cesado. Pero como solo se trata de enfermos que pueden morir y que tal vez no llegarán al próximo proceso electoral, entonces no merecen la atención. Porka Miseria.