Ariadna Montiel ha asumido la dirigencia nacional de MORENA, lleva consigo el enorme padrón de beneficiarios de programas sociales que manejó durante los años que estuvo al frente de la Secretaría de Bienestar, se trata del voto duro favorable a MORENA, semejante al voto verde del PRI de los mejores años como partido dominante. Sin duda, la condición de partido en el gobierno concede a MORENA grandes ventajas sobre los partidos opositores. Si esa condición le va a alcanzar para disipar la percepción ciudadana relativa a ser una organización, o Movimiento, con elementos vinculados con la delincuencia organizada no lo sabemos. La dinámica de los acontecimientos no permite un diagnostico aproximado, aunque la penuria del bando opositor tampoco augura una competencia de riesgo para el partido del gobierno. Si bien existe inconformidad social y los obuses estadounidenses desnudan a políticos de Morena, sin una fuerza que aglutine y oriente esa inconformidad y desconfianza social la estructura y el voto duro sufragan a favor de MORENA.

Trasladar a Ariadna Montiel a la dirigencia de MORENA evoca similares movimientos del PRI dominante, como el caso de Colosio, a quien del PRI se le movió a la Secretaría de desarrollo Social para ponerlo en ruta de la candidatura presidencial; aquí en Veracruz Duarte hizo movimientos con Alberto Silva Ramos y lo colocó sucesivamente en Desarrollo Social, en el PRI y en Comunicación social para acomodarlo como posible sucesor, afortunadamente frustrado por los acontecimientos.  No oculta el partido oficialista sus movimientos estratégicos, por lo obvio simplemente reciclan lo vivido en la era priista, señal de lo poco que hemos avanzado porque, pese a nuevas circunstancias, al parecer solo hemos brincado para caer en el mismo lugar.