Las escenas son elocuentes: el senador Noroña es fuertemente increpado en un restaurante de la CDMX exigiendo su salida del lugar, a su arribo al aeropuerto de Chihuahua, la lideresa nacional de MOREBA y “Andy” López Obrador sufren empujones y diatribas a cargo de una multitud inconforme con su presencia, esas escenas reproducen un contexto social cada vez más encendido a causa del discurso del “no somos iguales” profusamente utilizado por el oficialismo. Por cierto, plagado de retórica hueca, paulatinamente desgastada porque en su confrontación con los hechos describe una realidad inexistente. El caso de la acusación por “traición a la patria” imputado a la gobernadora de Chihuahua es demostrativo: la acusan de permitir la presencia de agentes extranjeros en territorio nacional pese a no contar con atribuciones para hacerlo. Como la gobernadora, Maru Campos, es panista y el próximo año habrá elecciones para sucederla se levantó una campaña de descrédito en su contra con la amenaza de juicio político. El caso sirve, además, como cortina de humo para desviar la atención del tormentoso asunto de los extraditables, entre ellos el gobernador morenista Ruben Rocha Moya.
Pero la acusación contra la gobernadora cae por el peso de la declaración presidencial del sábado pasado donde sostuvo que “en México no existen operaciones fuera del marco legal establecido entre ambos países”. Las agencias estadunidenses, dijo, solo operan con permisos regulados por la legislación mexicana: “Es absolutamente falso. Primero es falso que operen agentes de la CIA en territorio. Hay permisos para agencias de los Estados Unidos que están perfectamente marcados por la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional”. Entonces ¿Dónde encaja la acusación contra Maru Campos? Obviamente, en la categoría de “bola de humo”. Pero, aún más: desde la presidencia se insiste en atribuir a “grupos de la derecha” y medios de comunicación interesados en “deteriorar” la relación del gobierno mexicano con el estadunidense: “Hay grupos en Estados Unidos y grupos en México que quieren que haya una mala relación entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de México. Le están apostando a eso”. Sin embargo, en el discurso presidencial de Mérida, este sábado, se escuchó: “ningún gobierno extranjero le va a arrebatar la transformación al pueblo de México”. He allí donde la retórica le ehca humo a la realidad mexicana.
