Cualquier presidente@ de México al asumir el cargo recibe la enorme responsabilidad de realizar una gestión para beneficio de los mexicanos, obviamente habrá de enfrentar la realidad de nuestras circunstancias. En nuestro caso Claudia Sheinbaum heredó de su antecesor una responsabilidad cargada de expedientes sin resolver, entre los de mayor importancia la violencia generada por los cárteles de la droga y una economía con pírrico crecimiento. Respecto de la primera asignatura la presidenta decidió por la ruta opuesta a la política de “Abrazos, no balazos” privilegiada por su tutor político y propiciatoria del empoderamiento de los cárteles en buena parte del territorio nacional; durante el actual mandato constitucional el gobierno ha detenido a cientos de delincuentes otrora intocables. En cuanto a la economía el avance no es notable porque lamentablemente el crecimiento permanece estancado, con el agravante de distraer recursos fiscales para mantener en funcionamiento las obras faraónicas de AMLO: el Tren Maya, el Tren Interoceánico y el AIFA y de Mexicana de Aviación cuya permanencia, hasta ahora, depende del presupuesto federal. Por su parte, la desaparición de los órganos autónomos, la reforma judicial, la reforma energética, el incumplimiento con puntos importantes del T-MEC han provocado una severa ausencia de inversiones, sin las cuales nuestra economía ha perdido mucho impulso, al grado de proyectar para este año un crecimiento económico de apenas 1.1 por ciento. Muy oscuro panorama.

Acaso por eso, la presidenta se desestresa estableciendo una polémica con un periodista deportivo de Argentina que declaró su animosidad en contra del equipo mexicano de futbol. No viendo sino sombras en su camino doña Claudia prefiere contemplar el cielo, según poetizara Díaz Mirón. Porque si de problemas hablamos el de Rocha Moya resulta un fardo que paulatinamente está maniatando al gobierno de México en su lucha contra la violencia que nos aqueja. El exgobernador de Sinaloa figura entre los cuadros fundadores de MORENA, es pieza clave de cuanto ha ocurrido en Sinaloa y sus consecuencias nacionales, su entrega a los estadounidenses resultaría en posible harakiri, pero mantenerlo en custodia impacta el prestigio político del gobierno. Este asunto resulta un motivo de coyuntura histórica para el movimiento cuatroteista: Rocha Moya se ha convertido en una joya de la corona: el gobierno tiene que resguardarlo para evitar sea objeto de una extracción subrepticia a la usanza del Mayo Zambada, e importa mantenerlo vivo porque su muerte despertaría sospechas, una ecuación difícil de resolver. De cualquier manera, el sospechosismo en torno a la resistencia de no entregar a Rubén Rocha marcará la trayectoria a futuro del actual gobierno.