Para reír o llorar es el informe de la Secretaría de Corrupción y Buen Gobierno del ente federal: señala que durante el primer trimestre del año en curso se aplicaron sanciones “corporativas y disciplinarias” a 226 servidores públicos por faltas administrativas “no graves”. En el contexto mexicano ese informe trasluce un escenario inusitado por cuanto a que las faltas cometidas no configuran daño al erario ni representan lo que realmente ocurre en la irregular conducta de ciertos mandos medios y altos de la administración pública, y no solo federal porque también es lugar común en lo estadual y municipal. Del contenido en el referido informe, por las penas impuestas para corregir desviaciones, es posible inferir que vamos mejorando en la lucha anticorrupción, pero en realidad solo es fuego fatuo porque se omite lo del día a día que se vive en las ventanillas del servicio público, una corrupción casi generalizada. Aunque, si sirve de explicación, debemos de reconocer que mientras haya impunidad la corrupción seguirá siendo una práctica usualmente muy común en nuestro costumbrismo social. Barniza ese costumbrismo la mentira en el discurso oficialista, aún está presente en el imaginario colectivo la muy sugestiva retórica que describía el combate a la corrupción: “barrer de arriba para abajo, si no roban los de arriba los de abajo tampoco”. También la imagen del pañuelito blanco que festejaba el mágico fin de la corrupción en México.
Lamentablemente el mal de la corrupción es endémico en nuestro país. Durante el periodo de gobierno de Venustiano Carranza se vulgarizó el término “Carrancear” para expresar la rapiña institucionalizada. Al presidente Obregón se le atribuyó la frase: “nadie resiste un cañonazo de 50 mil pesos”, y cuando en la batalla de Celaya perdió un brazo se hizo viral el cuento sobre el procedimiento para encontrarlo en el campo de batalla llevando un maletín repleto de dinero para que saltara para tomarlo. Gómez Morín, el primer Director del Banco de México, expuso como una de las causas de su renuncia a ese cargo su rechazo a seguir solapando cantidades en calidad de prestamos otorgadas a Obregón sin garantías de ser solventadas. El expresidente Emilio Portes Gil describió gráficamente el fenómeno de la corrupción en México con su ya inmarcesible frase: “En México al fin de cada sexenio surge una comalada de nuevos ricos”. Y en ese carnaval de frases alusivas a la corrupción también destaca la muy subliminal recomendación del presidente Adolfo Ruiz Cortinez catalogado como uno de los mandatarios más honestos y austeros, a Secretarios de su gabinete, gobernadores y alcaldes: “construye que algo queda”. Ese mundanal tema sigue muy vigente, ahora y siempre, aquí y en todos lados. Salvo mejor opinión y pruebas en contrario.
