Hablar a estas alturas de la sucesión gubernamental, cuando estamos a nada del Segundo Informe de Gobierno, en otros tiempos habría sido una afrenta, una insolencia, casi una declaración de guerra política… pero con Morena, esas cosas ya son del pasado.
Dijera Rocío Nahle: es temporada de zopilotes… y en su partido ya andan papaloteando.
Por ejemplo, el cargo que le acaban de conferir en el Senado a Manuel Huerta como presidente de la Comisión de Bienestar no deja de representar, para muchos, un enorme tanque de oxígeno que lo apuntala rumbo al 2030.
Hay quienes aseguran que Rocío Nahle buscaría hacer la hazaña con alguno de sus dos alfiles para la sucesión: que de la presidencia municipal salten a la gubernatura con apenas un año de separación entre un cargo y otro… citan a Pedro Miguel Rosaldo, de Coatzacoalcos, y a Rosa María Hernández Espejo, del puerto de Veracruz.
Ahora que si unos apuestan por alcaldes, otros lo hacen por un par de bigotones. Y es que, desde don Fernando Gutiérrez Barrios, el mostacho parece haber perdido terreno entre los gobernadores veracruzanos…
No, lo de Javier Duarte fue otro episodio… aquello era barba, un look, quizás hasta un intento de encontrar personalidad entre tanto vello facial.
Volvamos a los bigotones.
Ricardo Ahued y Juan Javier Gómez Cazarín.
Del primero, por más que siga proyectándose esa imagen de hombre sencillo, atento y de buena fe, lo cierto es que su papel como número dos del Gobierno estatal parece haberle cobrado factura a su capital político. Porque una cosa es ser el político que resuelve y otra convertirse en el funcionario al que le toca explicar lo que otros no resolvieron.
Del segundo, en pocas palabras, podría decirse que sigue haciendo territorio. Gómez Cazarín, por su chamba, no deja de aparecer en comunidades, municipios y reuniones. Uno despacha desde Palacio y el otro recorre caminos. Cada quien con su bigote y su estrategia.
¿Y la oposición?
Si volteamos hacia el PRI, tenemos a Pepe Yunes.
Si volteamos hacia el PAN, tenemos a Pepe Yunes… siempre y cuando se construyera una alianza.
¡Vamos! Si volteamos hacia Movimiento Ciudadano, igual aparece Pepe Yunes en la conversación.
Porque si bien el partido naranja tiene en Dante Delgado a un general a quien seguir, todavía le falta mucho para consolidar un coronel… aunque tenientes, de ésos parece que le sobran.
Y no es ningún secreto que entre el cordobés y el peroteño existe una relación política que ha dado para más de una lectura.
Remember aquella fotografía de Dante Delgado con Pepe Yunes en Boca del Río, que provocó más interpretaciones que un horóscopo en plena temporada electoral.
Porque en política una fotografía no necesariamente significa una alianza… pero tampoco se toman esas fotos para guardarlas en el álbum familiar. Tienen su jiribilla y Dante tiene el colmillo largo y retorcido.
Y si los morenos se mueven, es evidente que Pepe también lo está haciendo.
Quizás sin tanta alharaca, sin matracas, sin necesidad de que cada reunión parezca destape, pero sí con la intención de tomar el pulso, no solamente a sus propias posibilidades, sino al ciudadano.
Ese termómetro real del Veracruz de a devis, el que no siempre aparece en las encuestas, el que no se toma selfies con el candidato y el que, llegado el momento, vota como se le pega la gana.
Que Pepe Yunes ha perdido en sus recientes participaciones electorales… cierto.
Pero también perdió en su momento Andrés Manuel López Obrador. Y Miguel Ángel Yunes Linares. Y Cuitláhuac García.
Así es el juego de la vida y de la política: no siempre se gana… y tampoco se pierde para siempre.
Una derrota electoral no necesariamente significa el retiro político, como tampoco una victoria garantiza boleto de regreso. Y aquí viene lo interesante:
Debe resultar incómodo para cualquier gobernador o gobernadora que, estando apenas por rendir su Segundo Informe, ya tenga a medio partido pensando en quién ocupará su silla. Todavía no termina de acomodarse el sexenio y algunos ya andan midiendo las cortinas de Palacio.
Pero en el caso de Pepe Yunes, no veo por qué habría de interpretarse su actividad política como una provocación contra el Gobierno estatal. Pepe no está inventando nada. Está jugando el juego que Morena puso sobre la mesa, porque si los de adentro ya andan disputándose la herencia, tampoco pueden exigir a los de afuera que guarden luto político por un gobierno que todavía está vivo.
Al final, lo curioso no es que Pepe Yunes se ubique en el 2030… Lo curioso es que los de Morena ya anden pensando en el próximo gobernador cuando todavía no terminan de informarle a Veracruz qué han hecho en estos dos años.