En su convocatoria a sus opositores invitándolos a participar en el proceso de Revocación de Mandato que aparentemente se realizará en marzo próximo, el presidente López Obrador les recuerda que si “quieren quitarlo” deben involucrarse en ese proceso pues “el único medio democrático para dos posturas políticas encontradas es la consulta popular”. A la vez, coloca de un lado al “pueblo” y de otro a “los grupos de interés”, con el mensaje subliminal de que aquel lo apoya. Pero esa concepción no describe una auténtica democracia, pues esta fructifica en la convivencia de fuerzas diversas, opuestas inclusive, antagónicas también, en pluralidad política e ideológica reflejo de la sociedad misma. No existe contexto humano con unanimidad absoluta, de ahí la diversidad de pensamientos, luego entonces de intereses. Además, la Revocación de Mandato es una figura de democracia directa, participativa, idónea para aplicarse e inducida desde la sociedad, la ciudadanía, cuando no se está conforme con el gobierno, un referéndum extremo para sustituir al gobernante en turno, aunque en el caso actual de México lo curioso, e irregular, radica en que es el propio gobernante quien la impulsa. Pero cabe en nuestra inacabada democracia.

