El arribo de una nueva clase política a cargo de la gobernanza nacional llegó acompañado de un estilo en cuya medula reside el prurito secesionista, acaso con el deseo de demostrar, o de aparentar, un cambio radical en la forma de gobernar para, ahora sí, enrumbar al país por los senderos del progreso y la igualdad social. Uno de los ofrecimientos centrales de López Obrador al pueblo de México fue el de terminar con la corrupción, con tan fenomenal fracaso que ha resultado en todo lo contrario porque en el gobierno esa lacra ha escalado a alturas insospechables, así se está evidenciando a medida que avanza el tiempo del periodo de gobierno protagonizado por personeros de la clase política emergente. Andrés Manuel López Obrador no cumplió con los ofrecimientos de mayor calado, de allí que su gobierno haya sido un descomunal fracaso: no logró que la economía creciera, en educación fue sonado retroceso, en salud desmejoró lo que estaba avanzando y la violencia potenció sus dañinos efectos en todo el país. Para que sus obras “trascendentales” no tuvieran par detuvo la construcción de lo que hubiera sido un aeropuerto de elevada conectividad, a cambio legó problemas adicionales al erario al cargarle con el mantenimiento del Tren Maya, el AIFA, el Tren del Istmo, Mexicana de Aviación, y de la refinería que según su proyecto resolvería el abasto de combustibles, pero a costo tan elevado que la refinería de Dear Park refina mayor cantidad de combustible a mucho menor costo. Su legado al gobierno sucesor es acentuadamente oneroso porque elevó la deuda pública al doble de cómo la encontró y no resolvió ninguno de los grandes problemas nacionales.
En solo ocho años se evidenciaron los vicios políticos y morales que trajo consigo el proyecto de López Obrador: su Movimiento cobró éxito porque en el país había enojo social y la sociedad, ya angustiada, vio en López Obrador la esperanza para un significativo cambio en la conducta de la clase política gobernante, pero ocho años después ya estamos padeciendo la amarga decepción que día a día se robustece con los escándalos protagonizados por trepadores ubicados la cúpula gobernante. Para impulsar su Movimiento el afamado Peje abrió las puertas a quien quisiera unirse contra el sistema de gobierno imperante, fue una apertura indiscriminada porque permitió alianzas “hasta con el diablo”, la profunda penetración de la delincuencia organizada en ámbitos del sector público es prueba contundente. Solo quien no quiera ver ni oír el escandalo mexicano estará ajeno a los dramáticos acontecimientos de nuestro actual acontecer, acaso es debido a que ya normalizamos lo que antaño pensábamos remoto para nuestra convivencia social.
