El destino manifiesto inspirado en la Doctrina Monroe sigue vigente, ahora con mayor contundencia a causa de la vorágine intervencionista impulsada por el gobierno del presidente Trump. Cuando Hugo Chávez toma el poder en Venezuela focos rojos se encendieron en la CIA, más aún cuando mostró abiertamente su inclinación a pactar con el gobierno cubano encabezado por Fidel Castro. Una espesa nube de agentes de inteligencia fue desplegada para dar cercano seguimiento a las acciones del chavismo, no faltaron las estrategias desestabilizadoras implementadas por la CIA, aunque anuladas por la fina red de inteligencia del gobierno cubano. Para el gobierno estadunidense se convirtió en una piedra en el zapato, llevadera porque geográficamente Venezuela no limita con territorio estadunidense como es el caso de México. Sin embargo, el gobierno estadunidense jamás se cruzó de brazos y ahora tiene encarcelado a quien fuera presidente venezolano, Nicolás Maduro y ya comienza a desmantelar la red “injerencista” tendida por chinos, rusos, iraníes y cubanos.
A diferencia de Venezuela, México tiene una frontera de más de 3000 kilómetros con los Estados Unidos, ambos países mantienen relaciones políticas sostenidas con alfiler, aunque últimamente han establecido una interdependencia económica y comercial difícil de deshacer. Políticamente han establecido una relación donde la confianza varía de matices, diplomáticamente han resuelto muchas diferencias y los Tratados comerciales los ha convertido en economías interdependientes. Desde allá, al Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) lo vieron crecer hasta hacerse del gobierno mexicano, conocen bien a bien el perfil de cada uno de sus dirigentes, no se duda de que posean información de cada movimiento, político y financiero, que hayan realizado cada uno de sus integrantes de cúpula. Dejaron hacer, dejaron pasar hasta que se hizo insostenible permanecer omisos para detener el crecimiento de un Movimiento nada proclive a sus intereses. Durante el gobierno de López Obrador estuvieron observando la sinergia del gobierno mexicano con grupos vinculados a Rusia, China e Irán, lo hicieron del conocimiento del gobierno sin obtener respuesta. La llegada de Trump aceleró la embestida de regreso, elementos de presión tienen de sobra: el T-MEC, el combate al crimen organizado, su seguridad interna, los principales. Han aplicado variantes formas de injerencia, entre las cuales se encuentra la estrategia desestabilizadora. Lo saben en el gobierno mexicano y actúan en consecuencia con antídotos de toda gama, por esa vertiente se explica la iniciativa de Monreal para reformar el artículo 41 constitucional para insertar causales de nulidad electoral por injerencia extranjera. De aprobarse, se establecerá una nueva forma de evitar triunfos electorales de la oposición, al quedar a criterio del Tribunal Electoral Federal la calificación sobre un supuesto injerencismo de gobiernos extranjeros en materia electoral. Fue larga y difícil la llegada de la “izquierda” al poder, será la hora de aplicar su mandamiento: el poder no se comparte ni se entrega, se defiende con las manos en las armas” una vieja consigna que no por atávica ha perdido sustento.
