CDM, 8 de marzo de 2023.- Esta fecha, el mundo entero conmemora el día internacional de la mujer. Cada país visibiliza, en esta fecha, la lucha de las mujeres por una vida libre de violencia, condiciones de desarrollo más igualitarias y acceso a la justicia. Pero en México, la ocasión convoca a miles de mujeres a salir a las calles para exigir que se respete su vida. Al grito de ¡Vivas las queremos! Esta marcha se ha convertido en asunto de vida o muerte.

                                    Sabemos que asesinan a 11 mujeres al día. Por eso cada vez son más las abuelas marchando con sus hijas y sus nietas. O madres, hermanas y familiares de desaparecidas o asesinadas se suman al contingente de la marcha del 8M en México. Vemos más mujeres marcadas por la violencia feminicida, que no alcanzo a quitarles la vida, pero sí la dignidad, la confianza en sí mismas, la fe en la justicia, la posibilidad de no ver en los hombres una amenaza.

                                    En esta nueva cita, hoy, miles de mujeres convertidas al feminismo debido a su propia historia expresaron su ira por el daño recibido; y al grito de “NO ESTÁS SOLA” se recordaron a sí mismas este hecho más grande que la columna interminable de Mujeres que avanzó por todo el Paseo de la Reforma o las principales avenidas de todas las capitales del país.

                                    A cada consigna acompañando los pasos de miles de mexicanas de todos los estratos sociales, de todas las religiones, de todos los niveles académicos, las mujeres recordaron los incontables y rotundos motivos que las congregaron ahí. Y en sus pancartas, escritas de puño y letra, elevaban sus justos reclamos.

                                    Acaso alguna de ellas encontró entre las consignas una palabra que mitigara el dolor de su herida. Seguramente las madres de las desaparecidas o asesinadas encontraron, por un día, ese multitudinario abrazo que mitigara su vacío. Por eso vuelven cada año. Por eso cada día tienen la atención puesta en el día que las mujeres vuelvan a tomar las calles para gritar juntas su dolor, sus necesidades no atendidas, su sed de justicia no saciada por tanto tiempo.

                                    Muchos, no pocos hombres observan, algunos con desdén, los más con miedo disfrazado de indiferencia, que se nota cuando lanzan algún comentario más allá del cerco de los dientes: ¿a dónde va a llegar todo esto? Solamente hasta aquí, hay que dejar que se desahoguen.

                                    Pero eso no es verdad. Esto ha llegado a las aulas, a las oficinas de gobierno, a las urnas, a los puestos de elección popular, a las grandes empresas, a los oídos de las morras, como llaman coloquialmente a las jóvenes mexicanas que con un vigor imparable impulsan este movimiento. Unos lo llamaron la ola morada. Otros han dicho que se trata de un tsunami. Y que esta fuerza transformadora ya nadie la para.

                                    Miles de mujeres se sumaron a esta marcha de vida o muerte, para pedir que “NI UNA MÁS”, que ni una sola mujer más sea asesinada, desaparecida, quemada, desfigurada con ácido, prostituída contra su voluntad, violada, golpeada o violentada física, económica o socialmente.

                                    Los avances son muy pocos, dicen los agoreros de la desesperanza. Pero las mujeres mexicanas ya no los escuchan y avanzan cada día desde su trinchera para conseguir que ya no mueran 11 mexicanas al día como resultado de la violencia feminicida.

                                    En la marcha de hoy, las mujeres juntaron sus voces y sus esperanzas, marcharon juntas en contradicción con los que quieren dictar lo que pueden sentir, decir, hacer. Pero ellas, todas, tantas, saben que eso ya no es posible, porque cuando están juntas su poder es incontenible. Y el miedo se va.

                                    La manada morada, crece en México, día tras día. Las mexicanas ya aprendieron que juntas son poderosas y los vulnerables entonces son sus otrora verdugos. Los cielos de México se tiñeron de humo morado por doquier, los colores del movimiento feminista se tornó en un río caudaloso. Las mexicanas no esperan que la autoridad las valide, las cuente bien cuando se manifiestan o las tome en cuenta.

                                    Pero nada de eso importa. El país cuenta 64 millones 540 mil 634 mujeres, según el último censo de población y vivienda. Y en ocasión de este ocho de marzo, su energía se sintió claramente, sus gritos se escucharon claros, sus reclamos estuvieron puestos en negro sobre blanco, lo mismo en sus pancartas que en sus pintas. No las pueden ignorar. No pueden acabar con todas ellas. Y por hoy, miles de mexicanas tiene bien claro todo esto. ¿Acaso México está en vías de dejar de ser un país feminicida? Dicen que cuando una mujer se propone algo, no hay manera de que no lo consiga. Ya lo veremos…

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