Hoy domingo 7, ¿Día de la Libertad de Expresión, quienes nos dedicamos a esta noble tarea de informar nos preguntamos que podemos festejar?
Acaso celebrar la impunidad con que actúan en contra del gremio aquellos que tienen la piel muy delicada y, lo peor, se sienten intocables.
O acaso el valemadrismo de las autoridades ante tanta agresión a los periodistas. Vaya usted a saber, pero en realidad nada hay que festejar, mucho menos prestar atención al discurso gastado, a esas frases trilladas que emiten los políticos de hoy, esos políticos que se sienten tejidos a mano y que aseguran tener la verdad absoluta.
Sí, la nueva oleada de politiquillos de tercera que no tienen ni una pizca de congruencia.
Los mismos que alardean tener más poder que Norma Rocío y que cada vez que pueden, por cierto, muy seguido, sacan sus complejos al sol.
Sus discursos y la realidad no se parecen en nada, más bien esas peroratas dan miedo, preocupan.
Son «políticos» inmaduros, que no tienen la capacidad de digerir el cuestionamiento, la pregunta incómoda, la quieren peladita y en la boca.
Son cientos de voces que resaltan que ejercer el periodismo hoy en día, en México y, por supuesto en Veracruz, tiene muchos riesgos, es alta la inseguridad para la prensa ante la creciente ola de violencia sobre los periodistas.
Para los tundeteclas, las amenazas, intimidaciones, señalamientos de agresión en cuestión de género, las denuncias y la obstaculización de su labor periodística son una constante.
El trabajo periodístico ya no se respeta.
La realidad que vive el periodista es turbia, sin garantía.
El comediante oriundo de Macuspana y que ahora vive en Palenque, se encargó de desprestigiar al medio, la tirria que le tiene a la prensa no la oculta, pero ni tantito.
En tierras veracruzanas, aquí donde el periodista es un ente vulnerable, dónde el reportero hace su trabajo en medio de la incertidumbre, es triste la realidad que acompaña al periodista a todos lados.
La parte gubernamental se maneja bajo la tesis de que su verdad es absoluta, universal y hasta allí. No hay de otra o de lo contrario los politiquillos esos se sienten ofendidos, amenazados y hasta perseguidos. Para esos comediantes metidos a políticos, toda crítica es un ataque, ofensa o amenaza.
Así de sencillo.
En Veracruz, el estado no garantiza seguridad al trabajo periodístico, el periodista lleva a cabo su labor en medio de la inseguridad, la incertidumbre y el temor de no retornar a su hogar.
En nuestro país ejercer el periodismo es caminar al filo de la navaja, continúa siendo una actividad de alto riesgo.
Provecho.
