Más de 600 kilómetros de costa en Veracruz fueron inundadas de chapopote. Toda una catástrofe ambiental, por donde y desde donde se le quiera ver.
En Pajapan, un municipio localizado en el sur de Veracruz, fue el primer punto del estado de Veracruz, donde se observaron las primeras manchas de chapopote. El tema se minimizó. Nadie hizo caso.
Pasaron tres días y nadie se aplicó a atender lo que, en menos de una semana, ya estaría y estaba convertido en un reguero de chapopopte que seguía avanzando por las costas de Veracruz y en menos de quince días ya se encontraba en Tuxpan y Tamiahua.
Cuando los responsables del Medio Ambiente, quisieron reaccionar, el daño ya estaba hecho. Los pescadores veracruzanos ya exhibían ante las cámaras de televisión, ante los micrófonos de radio, ante todo México y el mundo entero que en Veracruz se estaba viviendo, literalmente, un verdadero ecocidio.
Peces muertos, tortugas y delfines cubiertos de chapopote, en Veracruz, y Alvarado; pescadores con redes manchadas e inservibles, eran ya noticia nacional e internacional.
Los argumentos y las declaraciones, buscando justificar el hecho, fueron vertidos sin razonamientos y sin justificación válida.
“Fue un barco que no le trabajaba a Pemex, pero que el expresidente Enrique Peña Nieto le había otorgado los permisos para trabajar y se especuló que era el responsable”; “fue una chapapotera la que había ocasionado el derrame y ya se están haciendo las investigaciones”, dijeron.
Los residuos de petróleo, imparables, continuaban su viaje costas arriba por mar veracruzano y los efectos, así como los daños, tenían más que intranquilos a los prestadores de servicios, hoteleros, restauranteros y a toda la gama de gente que vive del turismo, debido a que faltaban escasos días para que iniciara el período de Semana Santa.
Fue en la primera quincena de marzo cuando se observaron las manchas del hidrocarburo, el mes está por concluir y los residuos ya se observan más allá de Tuxpan y Tamiahua.
Lo anterior es importante y tiene trascendencia por lo que conlleva que, en el periodo vacacional, nuestras playas se encuentren contaminadas. Pero igual de importante y trascendente es que, a casi un mes de iniciada la llegada del hidrocarburo, hasta ahora se desconozca, no se sepa y se ignore por completo de dónde provino el material, de dónde surgió y, lo peor, que aún no se tenga el nombre de algún responsable a quien aplicarle el peso de la ley y hacerlo que pague por los daños, en particular a los pescadores, quienes hoy siguen sufriendo las afectaciones del derrame de chapopote.
La preocupación es latente. De arribar al puerto de Veracruz los cruceros que se han anunciado desde hace ya un buen tiempo, estaríamos en un grave problema, toda vez que la impresión que se llevarán, amén de las fotos y de las videograbaciones que puedan hacer, sentarían un mal precedente para la llegada de embarcaciones futura.
Y, además, de no actuar con la rapidez que el hecho conlleva y dar con el o los responsables del terrible ecocidio, estaríamos frente a hechos que se habrán de pasar por alto, permitiendo que cualquier hijo de vecino, a la hora que se le ocurra, arroje sus desechos en nuestras playas, provocando daños a pescadores, prestadores de servicios, a los arrecifes y, lo que es peor, a nuestras especies marinas, sin que autoridad alguna le aplique las sanciones que la ley contiene.
Luego entonces, es necesario que las autoridades de los tres niveles se apliquen e investiguen.
Y que los turistas que llegue en los cruceros, los que lleguen por aire, los que arriben por carreteras, se encuentren con playas limpias y radiantes; y que sepan que en Veracruz prevalece, por encima de todo, el imperio de la ley.
Pero, obvio, en caso de que alguna playa no estuviera apta para recibir a los extranjeros o connacionales que nos visiten en esta Semana Santa, se pueden organizar el traslado a unas playas que, aparte de ser las más visitadas cada año, hasta ahora, se sabe, son las que se encuentran exentas de toda contaminación, incluido el maoliente chapopote… ¡las playas de Totutla!
