Un 23 de marzo de 1994, hace ya 32 años muere asesinado el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta, en Lomas Taurinas, una colonia situada en Otay Centenario, en Tijuana, Baja California.
Otay Centenario, es una zona de barrancas, muy cercana a la línea internacional y al aeropuerto Abelardo L. Rodríguez, y que en la actualidad es famosa por haber sido el sitio en donde al candidato del PRI fue ultimado cuando realizaba una gira más rumbo a la presidencia de la República.
Hoy, en dicho lugar, paradójicamente, luego de los terribles sucesos que al día de hoy guardan grandes enigmas y múltiples interrogantes entre los mexicanos, se encuentra localizada una plaza comercial, cuyo nombre es Unidad y Esperanza. Vaya paradoja.
También hoy, a 32 años del magnicidio de Luis Donaldo Colosio Murrieta, los priistas de México, lo van a recordar y a conmemorar en otro año más, sin que se escuche más aquello de: “Veo un México con hambre y sed de justicia”, como lo pronunciara el malogrado aspirante presidencial.
El PRI y lo que queda del priismo nacional, habrán de continuar lucrando con la imagen de un aspirante que no pudo alcanzar el sueño de ser presidente de México.
De los ideales de Luis Donaldo, ya muy pocos se acuerdan. La justicia social, la democracia, la unidad nacional y de un México con mayores oportunidades, ya nadie habla.
Hoy, a 32 años del magnicidio del candidato presidencial, sus ideales descansan en el baúl de los recuerdos.
Hoy solo se habla de la ambición del dirigente nacional Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, quien, para mantenerse en el poder, no le importó en lo más mínimo modificar – violar- los estatutos de su partido para continuar en el poder. Tampoco se habla de que el otrora partidazo ha perdido la mayoría de su militancia y los cuadros –así se les llama a las vacas sagradas- cual verdaderos chapulines han ido a parar a los brazos del partido que ahora gobierna.
Hoy también se habla de que el PRI, luego de haber sido una verdadera locomotora, la misma que ganaba gubernaturas, Senadurías, diputaciones, alcaldías, sindicaturas y regidurías, hoy, bajo “el liderazgo” del campechano dirigente solo gobierna en dos entidades, Coahuila y Durango; y para mayor pena, perdieron el emblemático Estado de México, cuna del Grupo Atlacomulco.
Y en Veracruz, donde ningún jarocho canta mal las rancheras, hay un PRI que, mediante sesudas evaluaciones y un análisis escrupuloso, pleno de ética y de respeto a los principios y estatutos partidistas, el dirigente eligió a su esposa como diputada local y, vía la plurinominalidad, la señora, esposa del dirigente priista veracruzano despacha en la LXVII Legislatura de Veracruz. Eso es democracia. Y la plurinominalidad es esa vía de un solo carril, donde el dedo divino señala al o la afortunada ganadora de un escaño legislativo. En Veracruz, donde ya casi no quedan priistas a quienes elegir, el señor presidente del partido, determinó que la elegida fuera su señora esposa.
Así, a 32 años del magnicidio de Luis Donaldo Colosio Murrieta, un PRI a punto de irse al fondo del abismo, los pocos priistas que aún quedan, se habrán de congregar en torno a los monumentos erigidos en memoria al oriundo de Madalena de Kino, Sonora, para pedirle un tributo más, aunque al terminar el conmemorativo evento, de nueva cuenta vuelvan a guardar los ideales del malogrado candidato, y buscando la manera y la oportunidad de ingresar a Morena o al partido que les genere mayores dividendos.
