Falló la Reforma Electoral. No pasó en el Congreso Federal. Los señores diputados no lograron el número de votos suficiente para que la cacareada reforma electoral fuera aprobada y pudieran hacer lo que se les antojara con la democracia en este país.

La tan anunciada Reforma Electoral, la que sería la panacea de las elecciones futuras en el país, a pesar de haber sido consensada con todos los partidos políticos, no pudo reunir el número de votos suficientes para que, al igual que la Reforma Judicial, “naciera” como un nuevo hijo de la Cuarta Transformación.

Las lecturas, convertidas en conjeturas, se volvieron el pan nuestro de cada día, desde el momento mismo en que se cerró el tablero de las votaciones y, al concluir el cómputo, las sumas totales de votos a favor no fueron suficientes y la susodicha reforma, nadamas no pasó.

Las conjeturas dieron paso a la especulación y a la rumorología. Los expertos filósofos de café y los “calientabancas” de los parques, señalaron que el rompimiento de los partidos aliados, PT y PVEM, con su alter ego y guía, Morena, ya no dio para más. El rompimiento, la separación fue frontal.

Se afirmó que no hubo operadores para lograr consensuar la reforma; que faltó diálogo; que, por primera vez, los peces más chicos se comieron al pez más grande. Los pequeños David, lograron derribar, de nuevo, al gran Goliat.

No haber aprobado la multicitada reforma electoral, provocó un sismo como de 10 grados y tuvo como epicentro la zona de Palenque, en el estado mexicano de Chiapas.

Las afectaciones, comentaron los rumorologos, cimbró muros, hizo caer toda la vajilla, los cuadros de las paredes, los candelabros se movían de un lado a otro. El sismo estuvo muy fuerte, comentaron habitantes del lugar. Y, pasados ya ocho días, aún no termina el recuento de los daños.

Se afirma también que el Sistema Sismológico Nacional no logró captar la señal de que, el día de la votación para sacar adelante la Reforma Electoral, estaría por producirse un sismo de tal intensidad.

De inmediato, también se comentó, luego de revisar el grado de afectación, se implementaron diversos programas de asistencia y se activó el Plan “B”, el cual, exactamente, no se sabe en qué consiste.

La reforma no pasó, eso es lo que se sabe. Los legisladores federales, aliados o no y los propios correligionarios del partido en el poder, sumaron votos en contra y la cacareada reforma hoy debe estar durmiendo en algún cesto de basura.

Ahora bien, lo más lamentable de que la susodicha reforma no haya sido aprobada, sin duda, va a traer consecuencias.

Y el 2027 ya está a la vuelta de la esquina.