Paradojas que tiene la vida. Ayer 8 de los corrientes, se conmemoró –no se celebró- el Día Internacional de la Mujer. Pero, curiosamente, el Palacio Nacional, allá donde despacha una mujer, se vio cerrado con grandes placas de acero, prohibiendo el acceso a las mujeres que se manifestaron.
En gran parte del país, la tónica fue semejante. Los contingentes que desfilaron desde un determinado punto para llegar sus respectivos palacios de gobierno, fueron cercadas por elementos policiacos, paradójicamente, mujeres que custodiaron las caravanas feministas.
La reiterativa expresión aquella, “no llegamos solas, llegamos todas” tan escuchada ya tantas veces, ayer, en el Día Internacional de la Mujer, se volvió una expresión hueca, sin sustento y, al final, una mentira falaz que truena, como bofetada, en las mejillas de las propias mujeres que hoy demandan respeto, dignidad, seguridad; congruencia entre el decir y el hacer por parte de las autoridades, quienes por un lado, en el discurso se autoproclaman como guardianas y defensoras de las mujeres y, por el otro, se convierten en las principales revictimizadoras de las propias mujeres que demandan ser escuchadas y atendidas por las autoridades, las mismas que ponen oídos sordos y voltean para otro lado cuando de brindar el apoyo legal se trata.
¿Festejar? ¡No! No festejamos nada cuando vemos que día a día las mujeres son víctimas de acoso, abusos y, lo peor, de que los feminicidios ocurren a diario en cualquier estado de la República.
No, no se puede celebrar o festejar en el día 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, mientras existan funcionarios/as indolentes, groseras, déspotas y arbitrarias que, lejos de mostrar una empatía con aquella mujer que ha sido objeto de daño físico, psicológico o en sus bienes, se encuentran con situaciones que vulneran aún más la condición de quienes han sido víctimas de verdaderos energúmenos y gorilas que, por el hecho de ser varones, creen tener el derecho y el valor de atentar contra la dignidad y la vida de una mujer.
Muchos de los gorilas que por ahí deambulan, se olvidan que nacieron de una mujer, se olvidan que son padres de una hija, olvidan que tienen hermanas y esposas, olvidan por completo que la mujer es una bendición en la tierra y en el universo entero y que, por esa simple condición, merecen respeto, atenciones, afecto y apoyo.
Sin embargo, enalteciendo su animalesca irracionalidad, se atreven a cometer toda clase de tropelías en contra de una mujer.
He ahí la paradoja de la situación que ayer se vivió en todo México y en gran parte del planeta. Por un lado, conmemoramos un día, nadamas un día a favor de las mujeres, con vallas metálicas rodeando los palacios, pronunciando discursos que, viniendo de la propia autoridad, se comprende que solo serán eso, discursos vacíos.
Muchas de las mujeres que ayer desfilaron, las que alzaron la voz para protestar, una vez más, son las mismas que temen llegar a sus hogares, a sus escuelas, a sus trabajos porque saben que el hostigamiento, el abuso, el acoso, en tanto no se legisle correctamente y en tanto no se apliquen medidas ejemplares, todo habrá de continuar igual los restantes días del año.
Ojalá que la primera autoridad a nivel nacional, la que se autoproclama como “la primera presidenta feminista de México”, otorgue el valor que se merecen las mujeres mexicanas, emplee y aplique toda la fuerza del estado para detener y contener a aquellos que atentan contra las mujeres.
Cuando eso suceda, las propias mujeres le habrán de festejar y aplaudir, amén de reconocer que, realmente fue la primera presidenta feminista de este país.
Por nuestra parte, desde este humilde espacio, pero con todo nuestro cariño, respeto y reconocimiento, de pie, saludamos y enviamos un abrazo con afecto a todas las mujeres de nuestro país y del mundo entero.
