Desde hace un buen tiempo clamo el adiós al 2022, que me ha dejado mucha tristeza, dolor y ausencias. Ausencias que se sienten… Primero fue Pipe, mi hermano Felipe, El Dos, que de manera inesperada se fue… su ausencia se siente en el silencio del celular. Meses más tarde, Herminia, mi Negra consentida, mi única hermana, cayó ante lo terrible de la enfermedad que creció a una gran velocidad y en pocos días, se fue en el confuso actuar de un hospital. Hace 2 meses, sí, hoy 24 de diciembre, se cumplen 2 meses, de la ausencia más sentida, la de mi madre, Doña Paz. La Paz, como le decíamos sus hijos, casi le llega al siglo de vida, sin perder el gusto de pintarse el cabello y arreglarse las uñas. Su partida se percibe aún más, en el silencio de sus carcajadas, que ya no se oyen por ninguna parte. Estos son los tres golpes que me ha asestado la vida en este 2022, en el ámbito privado y familiar. Hoy, es DIA DE LA NATIVIDAD, celebramos con gozo, el nacimiento del niño JESÚS y con melancolía, los dos meses de la partida de mi madre, al reino de Dios. No puedo dejar de decirlo, hay más golpes que siento y son los que le duelen a mi México, cada día más ahogado en la división y confrontación por los odios y rencores. Por lo privado y lo público, desde hace un bien tiempo, clamo el adiós al 2022 y anhelo un 2023 distinto, en lo privado y en lo público, por mi familia y por México. En tanto, pido a mi Dios, misericordia y gracia, para que en unos días más, caiga la última página del calendario y se perciban nuevos augurios para todos, para ti, que me haces el favor de leer y, para todos los que anhelamos un país en tranquilidad, orden y paz social, con proyección a la modernidad y prosperidad, sostenidas en la concordia y solidaridad de todos, unidos por los mismos objetivos.