Ajá, ahora sí. Resulta que Claudia Sheinbaum celebró el triunfo de dos candidatos de origen mexicano como gobernadores en la elección del domingo en Estados Unidos: el de Xavier Becerra en California y el de Gina Hinojosa en Texas. “Nos da mucho gusto que mexicano-estadounidenses que están allá tengan esta participación y este reconocimiento”.
Pura hipocresía. En México, Xavier, hijo de madre nacida en Guadalajara y de padre californiano aunque crecido en Tijuana; Gina, hija de madre nacida en San Luis Potosí y de padre texano, por culpa de Sheinbaum no hubieran podido participar en una elección a gobernador por su doble nacionalidad, pues promovió una reforma constitucional para obligar a renunciar a una de las dos a quien aspire a gobernar un estado.
“Deben renunciar a otra ciudadanía, si es que la tienen, y solamente quedarse con la nacionalidad mexicana, para garantizar que el interés de la nación esté por encima de cualquier otro interés”, estableció en un decreto constitucional que firmó el pasado 7 de octubre. Con su obtuso criterio, se entendería entonces que tanto Xavier como Gina no garantizan el interés superior de su país, Estados Unidos, por tener también la nacionalidad de sus madres mexicanas. Si su regla estuviera vigente en el vecino país, los nuestros no hubieran podido participar y ganar.
Son calenturas ideológicas de estos que se quedaron en el pasado y que no entienden que el mundo cambió, más cuando la migración es un fenómeno de actualidad que ha modificado los mapas de la población de muchos países del mundo, y que hoy no se concibe el éxito incluso de los países más desarrollados sin la presencia y participación de migrantes o de hijos de migrantes.
En México, en 1939 llegaron españoles para enriquecer nuestra vida
O son muy cerrados o ignoran la historia. En México tenemos un gran ejemplo de lo valioso de la participación de extranjeros emigrados, o de hijos nativos de padres extranjeros, con la llegada de refugiados españoles a nuestro país en 1939, a quienes el presidente Lázaro Cárdenas les abrió las puertas tras la derrota de la República en la Guerra Civil Española, y el puerto de Veracruz fue el que recibió a las 1,600 personas que arribaron en el buque Sinaia.
Ese hecho enriqueció para siempre la vida cultural-intelectual de México, porque por ahí llegaron, además de combatientes, intelectuales y artistas, que luego adoptaron la nacionalidad mexicana y nos distinguieron y nos distinguen ante todo el mundo. No es cierto que la doble nacionalidad necesariamente plantee algún riesgo para el interés de la nación.
La doble nacionalidad dio triunfos a muchos países con migrantes
Al contrario, hoy hay muchos ejemplos de migrantes o hijos de migrantes que defienden los colores de su país adoptivo o el que adoptó a sus padres, y otro ejemplo muy ilustrativo lo tuvimos en julio pasado durante el Campeonato Mundial de Futbol.
Me apoyo en una excelente columna (como todas las suyas) que publicó Peniley Ramírez en el diario Reforma el pasado 18 de julio, con el encabezado: “Mundial de migrantes”. Ahí, con detalles, narró, nos ilustró, recordó cómo Lamine Yamal y Lionel Messi, el primero de padres llegados de África nació en Barcelona, el segundo arribó a esa misma ciudad procedente de Argentina. Está por demás decir que han sido grandes estrellas del futbol español y que han puesto el nombre de España en lo más alto del mundo deportivo.
Citó otros casos, otros nombres: Nico Williams, estrella de la selección española, nació en España pero es hijo de migrantes que llegaron de Ghana, y jugadores que nacieron en España representaron a sus países de origen: Achraf Hakimi, a Marruecos, donde nacieron sus padres, al igual que Brahim Díaz, Chadi Riad, Ismael Saibari, Ayoube Amaimouni y Munir El Kajoui. Rodrigo Zalazar representó a Uruguay, Jeremy Arévalo a Ecuador y Nico Paz a Argentina.
Fidalgo y Quiñones, a México, con su selección
En la misma selección mexicana jugaron Álvaro Fidalgo, quien nació en Oviedo, España, pero se naturalizó mexicano, lo mismo que Julián Quiñones, quien nació en Colombia. Folarin Balogun, de padres nigerianos, jugó con la camiseta de Estados Unidos, donde nació. Con la de Australia, Nestory Irankunda, quien nació en un campo de refugiados en Tanzania cuando sus padres huyeron del conflicto en Burundi. En Francia se han emocionado con Michael Olise, nacido en Inglaterra, de padre nigeriano, pero francés por su madre nacida en Argelia, y adoran a Kylian Mbappé, quien mantiene un fuerte vínculo con Camerún, el país de su padre.
En aquella columna, Peniley, ella misma migrante, nacida en Cuba, emigrada a Veracruz donde hizo su carrera universitaria y de ahí dio el gran salto a lo mejor del periodismo de habla hispana, radicada en Estados Unidos donde triunfa con gran
éxito, escribió: “Me gusta pensar que este ha sido el Mundial de los migrantes. Me gusta creer que este mes no solo nos deja el recuerdo de gritar con quienes no conocemos, de volvernos todos un poco expertos en balompié, de pensar que el futbol es este juego bonito cuya magia sobrevive al gran negocio. Me gusta pensar que el Mundial nos deja esto: la imagen de un niño migrante jugando en la calle, el espejo de nuestro mundo desigual, donde aún quedan ventanas para encontrar un espacio que vibra, que pertenece, que sigue soñando.”
Este otoño, en EE. UU., el de los migrantes demócratas
Parafraseándola, bien se puede decir que este otoño, el de 2026, ha sido el de los migrantes mexicanos nacidos en Estados Unidos, que nos deja el recuerdo de celebrar un triunfo de gran calado de los nuestros, de hasta volvernos, de pronto, expertos en política electoral de Estados Unidos, de pensar que la política es un ejercicio muy bonito cuando deveras existe y se respeta la democracia, cuando el Ejecutivo no coloniza y somete el Poder Legislativo y el Judicial, el órgano electoral, las instituciones, los organismos autónomos, cuando se respeta a la oposición, pero, sobre todo, cuando se respeta el voto y se reconoce, sin más, la derrota.
En Estados Unidos nunca hubieran llegado a una gubernatura actores políticos de origen mexicano si tuvieran una presidenta como Sheinbaum, con un criterio muy cerrado, insegura (por eso la condicionante a una sola nacionalidad), con la cabeza llena todavía de aquella frase del Manifiesto del Partido Comunista del 21 de febrero de 1848: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”.
Mi reciente experiencia en aquel país
Hace tres meses apenas visité y recorrí el Medio Oeste norteamericano. Me reencontré, luego de muchos años, con familiares, amigos, conocidos, y conocí a migrantes de muchos países del mundo. Para mi sorpresa, a diferencia de la franja fronteriza, de estados como Texas y California, donde también he estado, allá no los persiguen, y verdaderamente me quedé sorprendido, gratamente sorprendido, de atestiguar que los nuestros, ellos sí, alcanzaron el sueño americano.
Allá vi y viví que no se habla de Bienestar, allá se vive y se disfruta el bienestar. Gente que conocía, de extrema pobreza, cuando vivían en patios de vecindad en Xalapa, hoy viven en casas verdaderamente decentes, climatizadas, con todo el confort, como cualquier norteamericano, con automóviles o camionetas de lujo para cada miembro de la familia, todos con trabajo bien remunerado, con un poder adquisitivo que ni en sueños hubieran tenido acá, y que no se aguantaron las ganas de decirme que le dan las gracias a ese gran país por la oportunidad que les dio y que les cambió la vida para siempre.
Algo que me llamó la atención, por la imagen que tenemos debido a las noticias que nos llegan a México es que allá, en el Medio Oeste, no los persiguen. Viven con una gran tranquilidad, sin problemas mientras no cometan alguna infracción. Viven seguros, en especial donde hay gobernadores demócratas, opuestos a Trump y a los republicanos, que hasta los protegen. En aquel julio, desde entonces me dijeron que por eso irían a votar contra Trump, y lo cumplieron. Creo que en mucho, su situación va a cambiar, y lo celebro, en especial para quienes viven en Texas y California.
Tres anécdotas, tres
Aprovechando el viaje, les comparto tres hechos, curiosos para mí: Cuando llegué al aeropuerto en Houston, no pude dejar de imaginarme lo que debió haber sentido y qué pudo haber hecho Andy López Beltrán cuando le negaron la entrada en esa terminal aérea en mayo, porque ya le habían retirado la visa.
Una noche llegué a media noche al aeropuerto de Chicago, uno de los más grandes del mundo. Tomé el Metro para ir hasta el centro de la ciudad, el famoso down town, un trayecto de 50 minutos, con muy pocos pasajeros a esa hora, preferentemente de color. Ya en el centro transbordé para ir al Barrio Chino, donde me hospedé esa noche. Cuando subí a un vagón se bajaron varios morenos (así le dicen los nuestros a los de color). Fue como si me hubiera subido a una cámara de gas: estaba infestado de humo y olor ¡a marihuana! ¡Chin!, me dije. Tenía que reaccionar rápido. El tren ya había arrancado. Pues la ocasión la pintan calva, recordé el dicho. Así que ¡empecé a inhalar profundamente!, a darme unos toques, a sentir y vivir el viaje, la experiencia (me acordé de algunos amigos o conocidos que fueron pachecos), para aguantar el resto del viaje que me faltaba. Ni modo, me convertí, sin querer, en fumador pasivo.
Otra noche, la primera tan pronto llegué a Indianápolis, de pronto me apareció un mensaje en mi cel. ¡Era la invitación de una comunidad compuesta por 150 mil personas, adultas, solteras –se me decía– para convivir con la intención de hacerse de una pareja! Otra vez, ¡chin!, me dije, y pensé, lo que hace la Inteligencia Artificial, ¿o cómo se enteraron de mi nombre completo?, ¿de que había llegado a la ciudad, de mi número, etcétera? El próximo año pienso regresar.
AVISO: Lectora, lector, trataré de escribir con regularidad la próxima semana. Viajo a Coatzacoalcos para estar cerca de mi hermana Emma, delicada de salud. La van a intervenir. Se hará la voluntad de Dios, a cuya causa ella está entregada. O regresaré tan pronto pueda.
