Con mucha frecuencia escuchamos: “esta elección será el <laboratorio> para la siguiente” queriendo significar que el resultado de la siguiente elección será parámetro para la subsiguiente. Ni duda cabe que toda elección arroja información de utilidad para los estrategas electorales, pero de ninguna manera puede considerarse como un “laboratorio” para la inmediata posterior porque una elección presidencial conlleva ingredientes diferentes a una legislativa, municipal o de gobierno estatal. Es verdad, la experiencia histórica nos enseña que a partir de 1997 una elección intermedia no ha resultado favorable para el gobierno federal en turno, Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto y López Obrador vieron cómo su partido menguaba el numero de diputados obtenidos en su elección intermedia respecto de cuando fueron candidatos electos. Ese fenómeno se atribuye al desgaste provocado por el ejercicio del poder, esa es una premisa que supone gestión publica decepcionante. Porque si el gobierno lo está haciendo bien, o al menos así lo percibe la mente colectiva, es de inferirse que su partido habrá de obtener resultados favorables. En Veracruz vivimos una interesante experiencia en la elección intermedia de 2007 la mitad del gobierno de Fidel Herrera, en aquella ocasión el PRI pudo aumentar su bancada legislativa respecto de la de 2024, cuando el PAN se mostró arrollador, pero fue minimizado en la elección intermedia por el partido gobernante.

Con su estrategia de “sana distancia” respecto de su partido, el PRI, en la elección intermedia de 1997 Ernesto Zedillo vio cómo su partido no pudo alcanzar la mayoría de curules en la Cámara de diputados, el PRI resentía los continuos cambios (5) en su dirigencia nacional. Aunque por diferentes circunstancias, en 2003 Fox experimentó ese fenómeno porque el PAN no pudo obtener la mayoría parlamentaria, igual experiencia la vivió Calderón en 2009, Peña Nieto en 2015 y López Obrador en 2021. ¿Es una jettatura para los presidentes la elección intermedia? No se trata de un determinismo, porque si esa lógica imperara tendríamos que deducir una próxima derrota de MORENA en el 2027. Aunque, debemos reconocer que la gestión pública de Claudia Sheinbaum no se ha caracterizado por resultados halagüeños para la población mexicana es elevada su aceptación pública. Pero sería erróneo tomarlo como referencia de un buen gobierno y luego entonces la elección intermedia acarreará buenos dividendos para MORENA. Por el contrario, el partido gobernante ha sufrido un deterioro significativo, si el calificativo de PRIAN afectó en su momento al PRI y al PAN, ahora el sambenito de “narcopartido” ha permeado en algunos sectores de la población mexicana. En abono de ese calificativo, el factor Trump está pesando considerablemente en el decurso del ya iniciado proceso electoral, porque obliga al gobierno a adoptar la actitud de una aparente defensade  políticos señalados de tener presuntos vínculos con la delincuencia organizada. En ese contexto, de esta fecha al día de la elección podrían suceder eventos que aumenten la percepción pública acerca de un partido que no puede desligarse de militantes con antecedentes nada confiables. Pero, la pregunta es necesaria ¿eso interferirá en la elección de 2027? La respuesta la conoceremos en junio próximo.