Era la mañana de un lunes 16 de julio de 2018; un grupo de 20 empresarios coincidimos en la explanada del Parque Juárez de la ciudad de Xalapa, Ver., con la intención de manifestarnos y llamar la atención del gobernador Yunes Linares; ya habíamos agotado todos los recursos habidos en los que reclamábamos el pago por parte del Gobierno de Veracruz a los proveedores, entre los que estaban los agrupados en la AC Empresas SOS.
Hablamos con los periodistas que acudieron a nuestra rueda de prensa con la esperanza de que se agilizara el proceso de revisión de los adeudos y que se nos pagara. Justo estábamos abajo de la oficina del gobernador, cuando de pronto él apareció en el balcón, lo que motivó a que buscáramos tener audiencia directamente con él.
Y diciendo y haciendo, nos encaminamos hacia su oficina seguidos de los medios de comunicación. La respuesta que tuvimos fue que estaba ocupado y que no nos recibiría, pero nosotros dijimos que esperaríamos a que se desocupara; un periodista preguntó: “¿estarían dispuestos a esperar el tiempo que sea?” y la respuesta fue que sí, pues ya estábamos ahí, pero la siguiente pregunta determinó lo que fueron los siguientes acontecimientos: “incluyendo pasar aquí la noche?” y la afirmación fue casi a coro por todos los compañeros empresarios.
La nota corrió muy rápido en los distintos portales noticiosos y comenzó a suceder el fenómeno de la multiplicación, pues comenzaron a llegar otros empresarios que se fueron sumando a la causa. Pronto ya éramos 40.
Funcionarios de la oficina del gobernador trataron de persuadirnos a acudir a SEFIPLAN con la promesa de que el secretario nos atendería, pero nuestra respuesta fue que la misma distancia tenía él para que nos atendiera en la oficina del gobernador.
Llegaron paquetes de agua que nos enviaron algunos amigos, llegaron pizzas y galletas, por lo que una empresaria ofreció traer una cafetera para la posible trasnochada. Ahí empezó la violencia en nuestra contra porque ya se acabó la “cordialidad” y evitaron el acceso a más personas y obviamente tampoco entró la cafetera; es entonces cuando Alejandro Cossío bajó a la puerta y forcejeó con los vigilantes hasta lograr entrar con la cafetera, pero con su traje roto entre tanto jaloneo.
El Palacio de Gobierno fue cerrado y cercado por uniformados de la Secretaría de Seguridad Pública y a las 9 pm fuimos desalojados por la fuerza pública.
Fue un momento de mucha tensión, entraron personas vestidas de civil y nos rodearon, mientras una de ellas nos “invitaba” a desalojar el edificio argumentando que era el protocolo y que a esa hora ya no debía haber ninguna persona ajena dentro de las instalaciones. Cuestionamos esa disposición y argumentamos nuestros derechos, pero en ese momento comenzaron los empujones, la violencia y los gritos de unos y otros, mientras uno de los civiles mantenía una videollamada con su celular y pude ver que en el otro lado estaba el rostro de Yunes Linares atento a los acontecimientos.
Afuera nos aguardaban los periodistas y ahí Alejandro, Marcela su esposa y yo hicimos las declaraciones pertinentes al violento desalojo.
Al día siguiente tomamos involuntariamente la Secretaría de Finanzas, porque ellos la cerraron para evitar que entráramos a gestionar nuestro pago. Vinieron muchos otros eventos, pero en el caso de Alejandro la represalia ocurrió muy rápido, pues recibió un citatorio para acudir a la Fiscalía, lo que claramente se percibió como una trampa. Alejandro me llamó y me dijo que tal vez también habría acciones parecidas en mi contra y en una acción de gente bien nacida, me ofreció el respaldo de su equipo de abogados cubriendo él lo que se necesitara.
Fuimos descalificados, señalados como “empresas fantasma” que pretendíamos cobrar de forma fraudulenta. Ante todo esto, nosotros dimos la cara y dimos la pelea.
Son ya 8 años y, aun cuando hubo pagos en el primer gobierno morenista, la justicia no llegó a todos. Varios amigos ya no están entre nosotros y se fueron sin recibir el pago correspondiente a sus bienes y servicios prestados a la institución que es el Gobierno del Estado.
El caso más reciente es precisamente nuestro querido amigo Alejandro Cossío Hernández, que a su justo reclamo de pago, se sumó una súplica por causa de una terrible enfermedad que finalmente no pudo vencer.
Queda la reflexión para la historia, porque, si el gobierno no es capaz de escuchar súplicas ni reclamos, entonces no escucha nada. Podemos morir atados a sus puertas sin que el dolor les mueva a tener un gesto de consideración y de justicia.
Son ya 8 años de gobiernos de Morena, a los que se suman los 2 años del gobierno del PAN cuando comenzó esta historia, más los años en que se originó la tragedia en el gobierno del PRI de Duarte, lo que hace llegar a una conclusión dura pero real: cambian los colores, pero las mañas se quedan. Para los políticos, la palabra empeñada se borra con el cambio de administración. La justicia no debería depender del partido en turno; los compromisos institucionales se cumplen, porque detrás de cada factura pendiente hay familias, empleos y, como ya vimos, vidas que no debieron apagarse esperando. Es mi pienso.
