La construcción del hipotético segundo piso imaginado por la concepción reformadora cuatroteista está resultando bastante complicada, acaso porque desde sus cimientos se utilizó material de muy dudosa calidad, con severas consecuencias a juzgar por lo inestable de sus condiciones. Se comprueba porque la presidenta Sheinbaum casi desde que tomó posesión del cargo ha tenido que enfrentar problemas derivados del oneroso legado de su antecesor: pírrico crecimiento económico, descomunal déficit financiero, expedientes de corrupción que involucran a distinguidos personajes de la Cuartat, y por si no bastara el fuerte tufo de personajes con vínculos cercanos a carteles delincuenciales cuya aureola es notable a distancia. Ahora mismo, la presidenta enfrenta un fuerte diferimiento con el gobierno estadunidense, de cuyo desenlace dependerá el futuro de su gobierno y de México: o actúa atendiendo información comprometedora contra el gobernador Rocha Moya y sus secuaces, o se alinea en defensa de “compañeros” de partido, sin importar la carga de sus antecedentes y las evidencias que los comprometen.
Ese entorno es complicado. Pero, ¿y la ciudadanía mexicana no tiene voz en este entuerto? ¿Y los partidos políticos no debieran fijar su posición? Del acuerdo presidencial depende el futuro inmediato de la economía nacional, uncidos como estamos a la economía de nuestros socios comerciales. Justo cuando está en proceso la negociación del T-MEC se produce este fuerte incidente político y diplomático con el gobierno estadunidense. Días difíciles para el gobierno mexicano, colocado entre la presión de Trump y el ala dura de MORENA, porque Rocha Moya está a solo un eslabón de Palenque, si uno se tambalea el otro cae. Y todavía queda pendiente la extradición del involucrado en el huachicol detenido en Argentina, sobrino del exsecretario de Marina, también a un paso de ”la chingada”, allá en Palenque. Los demonios siguen sueltos.
