MORENA obtiene su registro como partido político en 2014, aunque como Movimiento su creación se remonta al 2 de octubre de 2011 y la calidad de Asociación Civil la adquiere el 20 de noviembre de 2012, tres instancias que ya en la parafernalia política pudieron ser la base para imaginar una supuesta “cuarta transformación”. Como Movimiento. MORENA operó durante la campaña presidencial de 2012 siendo su promotor, Lopez Obrador, derrotado con abultada diferencia electoral por Enrique Peña Nieto, del PRI. La genética de ese Movimiento se alimentó de la inconformidad interna que convulsionaba al PRD por la vocación “negociadora” de Los Chuchos con el gobierno, de la intensa movilidad política a ras de tierra por parte de Andrés Manuel López Obrador y del caldo de cultivo reflejado en el enojo social provocado por la ineficiente y corrupta administración encabezada por Peña Nieto. Esa maraña de circunstancias abonó el camino de López Obrador en busca del poder político nacional.

Ese antecedente fue eslabonado con la indiscriminada incorporación de grupos y factores de poder hacia MORENA, una estrategia diametralmente diferente a la muy selectiva implementada por AMLO en 2006, cuando Elba Esther Gordillo ofreció su respaldo a la campaña lopezobradorista pero fue públicamente rechazada para no “ensuciar” su Movimiento. Después de tres intentos López Obrador ganó la presidencia de la república en 2018, y a partir de ese año elecciones subsecuentes, la de 2021 sobre todo, MORENA enriqueció su capital político. En esa elección intermedia varias entidades federativas pasaron al inventario de MORENA, ya porque ese partido contó con todo el respaldo oficialista, o bien, como se ha venido descubriendo, por contar con la participación de la delincuencia organizada. Poco a poco están saliendo al descubierto detalles acerca de cómo el obradorismo convertido en gobierno ha venido utilizando recursos públicos para favorecer a su partido, lo más reciente es el descubrimiento de la disposición de miles de millones de pesos canalizados a través del Bienestar Social para alimentar la feligresía. Excepto la forma en como fue creciendo la potencia electoral de un partido de Estado (PNR-PRM-PRI), ninguna otra sigla partidista ha aumentado exponencialmente su capital político como ahora lo hace MORENA. Ignoramos si esa tendencia continuará, sin embargo, la obligada defensa a Rocha Moya y sus adláteres señalados por presuntos vínculos con la delincuencia está mermando la confianza hacia MORENA. Ahora, si esa circunstancia lo afectará o no en números electorales, solo podrá conocerse a través del resultado electoral de 2027.